Thursday, February 25, 2010

Belkis Cuza Malé, poeta, escritora, periodista y artista.

`Linden Lane': nuevo formato(Ultimo de una serie de tres)


Belkis Cuza-Malé fue y es la heroína de Linden Lane Magazine, publicada consecutivamente desde 1982 dondequiera que ella haya vivido: en Nueva Jersey, en Texas, en la Florida.

Nacida en Guantánamo, Cuba, y habiendo estudiado en la Universidad de Oriente, Belkis se fue a La Habana, donde comenzó enseguida a trabajar en periódicos, primeramente en Hoy, luego en Granma y más tarde en La Gaceta de Cuba. Se casó con Heberto Padilla en 1967 y le tocó estar encarcelada con él en 1971 por ``escritos subversivos''. Los libros que tenía publicados hasta ese entonces eran: El viento en la pared (1962), Los alucinados (1963), Tiempos de sol (1963) y Cartas a Ana Frank (1966). Su trabajo periodístico era también considerable. ``En Hoy estuve haciendo crítica de radio y televisión, con un seudónimo'', cuenta la escritora, ``cuando se acabó el periódico me mandaron para el nuevo periódico, Granma, donde hacía todo lo literario: entre otros entrevisté a Julio Cortázar, a Mario Vargas Llosa y a Alberto Moravia''. Pero después del año 71 fue silenciada.



Cuza-Malé se exilió con su hijo pequeño en 1979 y con sus gestiones pudo conseguir que Padilla saliera de Cuba, a pesar de que antes fue muy presionada a regresar a la isla por los funcionarios cubanos en Estados Unidos, porque estaba indocumentada. Su interés en la biografía creció en los años 70, y publicó más tarde lo que había investigado y escrito en Cuba, El clavel y la rosa: biografía de Juana Borrero (Instituto de Cooperación Iberoamericana en Madrid, 1984), sobre la poeta con la que se identificó espiritualmente. Le tradujeron al inglés Woman on the Front Lines, que incluye Juego de damas y El patio de mi casa (Greensboro: Unicorn Press, Inc., 1987) y Elvis. The Unquiet Grave or the True Story of Jon Burrows (1994). Publicó luego Juego de damas (2002) y La otra mejilla (ZV Lunáticas prólogo Grace Giselle Piney Roche, 2007).



El más reciente número de Linden Lane Magazine, correspondiente al Volumen XXVIII Nos. 1, 2, 3, 4 del 2009, en homenaje a la pintora cubana Carmen Herrera, que no ha sido reconocida hasta muy recientemente, es distinto en formato al estilo que prefería Belkis (``Yo escogí el del New York Review of Books''), que era tabloide, con papel de periódico, y el título en cursiva. La razón es el costo, porque ``ahora se imprime a medida que se encarga'', explica, ``en principio, hacía 3,000 ejemplares, se lo mandaba a las personas se suscribieran o no. Era un trabajo monstruoso que hacía yo sola, porque, como decía Flaubert: `Madame Bovary soy yo', y `Linden Lane soy yo'. Era hasta la `peistopista' (pegaba los cromos en las cartulinas); hace unos años aprendí a hacerla en la computadora. En Cuba, me pidieron mi primer diseño en los años 60 y pico: el disco del comandante Juan Almeida. ¡Y tuve que enfrentarme con ese hombre que dirigía el ministerio de las fuerzas armadas!''.



Linden Lane Magazine --de cuya historia tiene miles de anécdotas que saldrán publicadas en sus memorias-- tendrá distinto formato y papel satinado, pero sigue suscribiendo la misma política editorial: ``La idea es sobre todo que los escritores cubanos tengan un sitio'', afirma su creadora, ``que sus voces no se apaguen''.



• Poemas de su libro Juego de damas. destruido en Cuba en su edición de 1971, y luego publicado en USA EN EL 2002.


Biografía del poeta



Para la biografía del poeta,
olviden el verdadero tono con que hablaba,
sus amores de guerra,


los rasgos físicos
(ojos café, nariz sin suerte),
la vida en familia,
su fórmula para conseguir enemigos,
su asombro, su pereza, su virtud.
Olviden quien lo trajo al mundo,
en qué mes y en qué año se produjo la cosa.
Tengan en cuenta solamente
las ciudades en que no amó,
el tipo de mujer que despreciaba
y la influencia de William Blake en su persona



Metamorfosis griega


Safo no fue una mujer, ni un hombre.

En medio de la flora y la fauna de una ciudad griega
y ocupados los hombres en los hombres,
Safo dibujó un mar salado, una nave
y un barril de agua dulce.
Se hizo acompañar de su criada
y de puerto en puerto reclutó esclavos,
muchachos casi negros,
deseosos de hacer sentir el sexo.
Con alguno de ellos hizo una preciosa niña
que le ocupó el resto de sus días.

Nadie sabe cómo murió, porque ya vieja
cerró su casa a los curiosos.
La Historia asegura que envolvió su rostro
en un manto de seda y que luego de pronunciar
dos o tres frases inconexas,
se transformó en una mariposa,
que aún vive, que aún aletea
junto a la lámpara,
o sobre el sombrero de Proust.



Oh, mi Rimbaud


He aquí que Rimbaud y yo nos hacemos al mar
en un gran elefante blanco,
nos perdemos en la bruma inconsolable de unos ojos
y como colegiales reincidimos de pronto
en el amor.
Él me toma de la mano y la rechaza con un grito.
Luego,
se abandona a las aguas
y atraviesa otros mares y otros ojos
y se queda sin mí,
me regala la cabellera roja de sus sueños,
el pálido color de sus mejillas,
un espejo.

Cuando aminore la tormenta y su caballo descubra el camino,
volverá dueño y señor del vellocino de oro,
jovial y para entonces harto ya de mí.




.Su bello ensayo, Olor a Cuba. Escrito en Fort Worth, TX. Nov. 2000.

OLOR A CUBA
Por Belkis Cuza Malé
En la novela de Francisco Umbral Trilogía de Madrid, el protagonista --el autor, mejor dicho, porque Umbral es sin duda ambos--, habla todo el tiempo del olor que percibe, que parece perseguirlo por la ciudad, el olor del "arroz a la cubana''. ¿Un plato típico de Cuba que no conocemos? Pues no, Umbral está hablando del casero arroz blanco, con huevos fritos y plátanos maduros. ¿Lo están ustedes también oliendo ahora? Pues, según él, Madrid estaba inundado en una época de "arroz a la cubana'', esa maravillosa combinación que en parte les debe el mérito a los esclavos africanos, quienes fueron, se dice, los que trajeron de su tierra el hábito de freír los plátanos maduros.

¿Puede haber olor más cubano? Es tan dulce como su sabor mismo, y va dejando una grata estela de recuerdos. No se equivocaba Umbral al hablar de la intensidad de este olor esparciéndose por todo Madrid en una época en que los cubanos exiliados traían también en sus valijas sus olores más queridos. Los familiares y humanos. Como el rico olor a café recién colado, o el del humo del tabaco en la sobremesa. ¿Olores cubanos? Sí, el de la tierra húmeda tras un aguacero; el del viento que arrastra los residuos de los cañaverales quemados; el del jazmín del cabo en la noche de los bateyes; el del rocío oliendo a esencia del alma; el del frijol colorado y el frijol negro humeando en la cocina; el de la carne de cerdo asándose entre hojas de guayaba; el del mar salpicando la piel de La Habana; el del agua de violeta de los bebés; el de las sábanas almidonadas, azuleadas y planchadas de nuestras abuelas; el del limonero junto a la ventana, ahí en el patio; el de la suave ternura del agua de coco; el de los deliciosos postres que asocio a encajes, canela y vainilla: arroz con leche, natilla, flanes, mantecados, boniatillos, toronjas en almíbar. El de las frituras de bacalao, el de los moros con cristianos (con un apelativo tan ajeno a la cruenta historia)...

Los niños de Cuba, ahora en tierras del exilio, no han olvidado sus olores y sabores. Paula, mi nieta, llegó a mi casa hace unos días con una botellita escondida en su mochila, y un ruego: "Abuela, quiero que me hagas arroz con leche como el de la señora López. Te traje la vainilla''. La señora López, la vecina de mi nieta, se alimenta todavía con los olores traídos de Cuba, y a su vez alimenta a Paula con el espíritu de la isla.

¿A qué huele Cuba? Sí, huele diferente, supongo. Huele distinta al resto del Caribe y, por supuesto, al resto del mundo. Cuba huele a Cuba. A sol y arena. Huele a sus versos, a sus canciones. Huele a lo que huelen los colores de la vida. Huela a energía buena, a energía radiante. Huele a tierra negra y a tierra colorada. Huele a sazón con ajo y cebolla y ají. Huele a perejil sobre el pargo. Pero sobre todo, huele a recuerdos, a tafetanes y tules, a rosas disecadas entre los libros. Huele a Colonia 1800, a lavanda, a talcos, a romero para ennegrecer el pelo; huele a brillantina (¿Tres flores o Palmolive?) en el cabello de los hombres; huele a jabón Candado, a las coladas de la ropa; huele a añil, que es el olor del cielo.

Un día llegué a la puerta de una casa, acá en Fort Worth, donde me habían dicho que vivían unos cubanos. No lo sabía. Pero aún sin haber tocado, el olor que salía por las rendijas de puertas y ventanas no dejaba lugar a dudas. Era el olor de un maravilloso ajiaco. Luego que me presenté, comenzaron a llegar otros olores, como si la isla entera hubiese también entrado en aquella hermosa casita.

En épocas de cruenta escasez (el llamado "período especial'') la gente no podía vivir sin el jabón, el talco y el agua de colonia para los niños. Es histórica ya la anécdota de que hace unos pocos años los cubanos se bañaban con un jabón que se alquilaban entre sí. Y que a pesar de la falta de agua, siempre dejaban un cubo para bañarse. Inventores como son, los cubanos de la isla encontraron una fórmula a base de alcohol y de no sé cuántas otras cosas para combatir el olor a sudor. Parodiando al poeta, toíto lo perdonan los cubanos menos el olor a sudor. Y en general, el mal olor.

El exceso de celo por la limpieza, por oler bien, ha encontrado en Fidel Castro, sin embargo, la excepción a la regla. El peludo y barbudo tirano osó también no sólo romper con todas nuestras instituciones, sino con nuestra tradición más querida de gente amante del aseo. Si usted mira una de esas fotografías de los primeros años de la revolución, se encontrará con un gigantón sucio, con las greñas grasosas y despeinadas, la ropa ajada y el rostro trasnochado. De seguro oliendo mal.

Al menos, tenemos algo más que nos diferencia de él. Y quizás el olor, el olor a limpio, a sol, a luna, a cielo, a palma y a marpacífico de Cuba lo niegan también, como lo niegan ya todos los cubanos, para quien este engendro del mal sólo huele a carroña. ¿O será a cañandonga? ¿Se acuerdan de ese olor tan anticubano?

 

.El arte de esta extraordinaria mujer. Belkis Cuza Malé


Flor del desespero

acrilic on board

5.4" x 8"




"Flor del Mamey"

Belkis Cuza-Male, 2006

Acrilic on board, 5' X 7'



Flor del alma

Acrilic on board

5" x 7"
 
 
 
Sabila para la buena suerte

Acrilic on board

8" x 10"


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Tuesday, February 23, 2010


El lenguaje del abanico



Partes del contenido de este apartado ha sido proporcionadas cortésmente por elAbanico.com exclusivamente para su publicación en este sitio web.


El abanico, además de convertirse en un elemento indispensable en la indumentaria de una época, se constituye en un instrumento de comunicación ideal en un momento en el que la libertad de expresión de las mujeres estaba totalmente restringida.


Cuando las damas del siglo XIX y principios del XX iban a los bailes eran acompañadas por su madre o por una señorita de compañía, con el fin de que éstas velasen por su comportamiento. Las señoritas de compañía eran muy celosas en el desempeño de la labor que se les encomendaba por lo que las jóvenes tuvieron que inventarse un medio para poder comunicarse con sus pretendientes y pasar desapercibidas.


Este objeto se convirtió en un auténtico parapeto de todo un repertorio que iba desde las sonrisas ingenuas, hasta auténticas declaraciones de enamorados .


Existían diferentes lenguajes del abanico pero todos ellos utilizaban como regla común la colocación del objeto en cuatro direcciones con cinco posiciones distintas en cada una de las cuatro. Con ese sistema se iban representando las letras del alfabeto.


Pero además de esa regla general, había ciertos gestos con significado ya conocido por todo el mundo, como pueden ser:



Sostener el abanico con la mano derecha delante del rostro: sígame.

Sostenerlo con la mano izquierda delante del rostro: busco conocimiento.

Mantenerlo en la oreja izquierda: quiero que me dejes en paz.

Dejarlo deslizar sobre la frente: has cambiado.

Moverlo con la mano izquierda: nos observan.

Cambiarlo a la mano derecha: eres un osado.

Arrojarlo con la mano: te odio.

Moverlo con la mano derecha: quiero a otro.

Dejarlo deslizar sobre la mejilla: te quiero.

Presentarlo cerrado: ¿me quieres?

Dejarlo deslizar sobre los ojos: vete, por favor.

Tocar con el dedo el borde: quiero hablar contigo.

Apoyarlo sobre la mejilla derecha: sí.

Apoyarlo sobre la mejilla izquierda: no.

Abrirlo y cerrarlo: eres cruel.

Dejarlo colgando: seguiremos siendo amigos.

Abanicarse despacio: estoy casada.

Abanicarse deprisa: estoy prometida.

Apoyar el abanico en los labios: bésame.

Abrirlo despacio: espérame.

Abrirlo con la mano izquierda: ven y habla conmigo.

Golpearlo, cerrado, sobre la mano izquierda: escríbeme.

Semicerrarlo en la derecha y sobre la izquierda: no puedo.

Abierto, tapando la boca: estoy sola

El abanico se convierte en un instrumento de comunicación ideal en un momento en el que la libertad de expresión de las mujeres estaba totalmente restringida.

Monday, February 22, 2010

Ignacio Cervantes (1847-1905)



Es uno de los más notables compositores, pianistas y pedagogos del siglo XIX cubano. Nació en La Habana el 31 de julio de 1847 y falleció en esta misma ciudad el 29 de abril de 1905.


Recibió los primeros conocimientos de piano de su padre, continuándolos con otros profesores prestigiosos como Juan Miguel Joval y Nicolás Ruíz Espadero.


En 1865 ingresa en el Conservatorio Imperial de París bajo las enseñanzas de Antoine Francois Marmontel y Charles Alkan, y allí obtiene un año después el Primer Premio en el Concurso de Piano, al que sigue el de Armonía —que gana en 1867 y1868—, logros estos que confirman su virtuosismo y capacidad musical.


En la capital francesa ofreció conciertos y acompañó al piano a cantantes de renombre, entre las cuales sobresalen Cristina Nilsson y Adelina Patti, logrando la admiración de músicos connotados como Rossini, Liszt y Gounod.


En 1870 regresa a La Habana donde inicia una loable función en el medio artístico y social vinculándose a las luchas de independencia junto al violinista José White. Esto trajo como consecuencia que fuera expulsado de Cuba y radicara en los Estados Unidos, donde prosiguió dicha empresa.


Ya en 1879, regresa a su suelo natal y retoma la labor artística antes desplegada como intérprete de compositores románticos europeos. Asume también la dirección de orquestas en los teatros habaneros Payret y Tacón y se destaca como notable pedagogo al formar a discípulos como Eduardo Sánchez de Fuentes, quien luego se convertiría en un relevante músico.


Cervantes inició la creación de sus obras desde temprana edad. En su reperto se encuentran música de cámara, sinfónica, zarzuelas y una ópera, pero se destacó, sobre todo, por sus danzas para piano, en las cuales recoge la esencia de lo cubano.


Estas pequeñas piezas, escritas para dos y cuatro manos, se caracterizan por utilizar células rítmicas propias de la música popular cubana, y —por lo general— presentan un bitematismo que permite definir, de manera inmediata, dos partes contrastantes. El dibujo melódico, a su vez, se acerca a la canción criolla ya separada del virtuosismo operístico italiano.


Es significativo señalar el contrapunto musical que se establece entre ambas manos, pues el bajo armónico que aparece con frecuencia en el registro grave, se desarrolla como una melodía más que, enocasiones, suplanta la voz superior.

Selección de Obras:
Adiós a Cuba,
Los delirios de Rosita (danza para piano)
Los muñecos (danza para piano)
Picotazos (danza para piano)
No bailes más, (danza para piano)
Sinfonía en Do menor
Scherzo Capriccioso (obra orquestal)
Hectograph (obra orquestal)
El Submarino Peral (opereta)
Saltimbanquis (opereta)
Los muñecos (danza para piano)
Entre otras muchas, son representativas del repertorio pianístico cubano y su significación trasciende los valores musicales que encierran cada una de ellas, pues constituyen muestra de la estilización de elementos característicos de la identidad nacional.

JOSE MARTI




Cultivo una Rosa Blanca
Cultivo una rosa blanca
En Junio como en Enero,
Para el amigo sincero,
Que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca.





José Martí



(La Habana, 1853 - Dos Ríos, Cuba, 1895) Político y escritor cubano. Nacido en el seno de una familia española con pocos recursos económicos, a la edad de doce años José Martí empezó a estudiar en el colegio municipal que dirigía el poeta Rafael María de Mendive, quien se fijó en las cualidades intelectuales del muchacho y decidió dedicarse personalmente a su educación.



El joven Martí pronto se sintió atraído por las ideas revolucionarias de muchos cubanos, y tras el inicio de la guerra de los Diez Años y el encarcelamiento de su mentor, inició su actividad revolucionaria: publicó una gacetilla El Diablo Cojuelo, y poco después una revista, La Patria Libre, que contenía su poema «Abdalá».



A los diecisiete años José Martí fue condenado a seis de cárcel por su pertenencia a grupos independentistas. Realizó trabajos forzados en el penal hasta que su mal estado de salud le valió el indulto. Deportado a España, en este país publicó su primera obra de importancia, el drama Adúltera. Inició en Madrid estudios de derecho y se licenció en derecho y filosofía y letras por la Universidad de Zaragoza.



Durante sus años en España surgió en él un profundo afecto por el país, aunque nunca perdonó su política colonial. En su obra La República Española ante la Revolución Cubana reclamaba a la metrópoli que hiciera un acto de contrición y reconociese los errores cometidos en Cuba. Tras viajar durante tres años por Europa y América, José Martí acabó por instalarse en México.



Allí se casó con la cubana Carmen Sayes Bazán y, poco después, gracias a la paz de Zanjón, que daba por concluida la guerra de los Diez Años, se trasladó a Cuba. Deportado de nuevo por las autoridades cubanas, temerosas ante su pasado revolucionario, se afincó en Nueva York y se dedicó por completo a la actividad política y literaria.



Desde su residencia en el exilio, José Martí se afanó en la organización de un nuevo proceso revolucionario en Cuba, y en 1892 fundó el Partido Revolucionario Cubano y la revista Patria. Se convirtió entonces en el máximo adalid de la lucha por la independencia de su país.



Dos años más tarde, tras entrevistarse con el generalísimo Máximo Gómez, logró poner en marcha un proceso de independencia. Pese al embargo de sus barcos por parte de las autoridades estadounidenses, pudo partir al frente de un pequeño contingente hacia Cuba. Fue abatido por las tropas realistas cuando contaba cuarenta y dos años. Martí es, junto a Bolívar y San Martín, uno de los principales protagonistas del proceso de emancipación de Hispanoamérica.



La obra literaria de José Martí



Además de destacado ideólogo y político, José Martí fue uno de los más grandes poetas hispanoamericanos y la figura más destacada de la etapa de transición al modernismo, que en América supuso la llegada de nuevos ideales artísticos.



Como poeta se le conoce por Ismaelillo (1882), obra que puede considerarse un adelanto de los presupuestos modernistas por el dominio de la forma sobre el contenido; Versos libres (1878-1882), La edad de oro (1889) y Versos sencillos (1891), esta última decididamente modernista y en la que predominan los apuntes autobiográficos y el carácter popular.



En A mis hermanos muertos el 27 de noviembre (1872), publicado durante su destierro en España, Martí dedica sus versos a los estudiantes muertos en una masacre acaecida en aquella fecha. Su única novela, Amistad funesta, también llamada Lucía Jérez y firmada con el pseudónimo de Adelaida Ral, fue publicada por entregas en el diario El latino-Americano entre mayo y septiembre de 1885; aunque en su argumento predomina el tema amoroso, en esta obra de final trágico también aparecen elementos sociales.



Entre sus obras dramáticas destacan Adúltera (1873), Amor con amor se paga (1875) y Asala. También fundó una revista para niños, La Edad de Oro, en la que aparecieron los cuentos Bebé y el señor Don Pomposo, Nené traviesa y La muñeca negra, y colaboró con diversas publicaciones de distintos países, como La Revista Venezolana, la Opinión Nacional de Caracas, La Nación de Buenos Aires o la Revista Universal de México.



Cronista y crítico excepcional, hizo de muchos de sus textos auténticos ensayos, algunos de carácter revolucionario como El presidio político en Cuba (1871) -de gran fuerza lírica-, El Manifiesto de Montecristi o su Diario de campaña. Sus Obras completas (1963-1965) constan de 25 volúmenes.



Versos Libres:



BOSQUE DE ROSAS



Allí despacio te diré mis cuitas;

Allí en tu boca escribiré mis versos!—

Ven, que la soledad será tu escudo!

Pero, si acaso lloras, en tus manos

Esconderé mi rostro, y con mis lágrimas

Borraré los extraños versos míos.



Sufrir ¡tú a quien yo amo, y ser yo el casco

Brutal, y tú, mi amada, el lirio roto?

Oh, la sangre del alma, tú la has visto?

Tiene manos y voz, y al que la vierte

Eternamente entre la sombra acusa.

¡Hay crímenes ocultos, y hay cadáveres

De almas, y hay villanos matadores!

Al bosque ven: del roble más erguido

Un pilòn labremos, y en el pilòn

Cuantos engañen a mujer pongamos!



Esta es la lidia humana: la tremenda

Batalla de los cascos y los lirios!

Pues los hombres soberbios ¿no son fieras?

Bestias y fieras! Mira, aquí te traigo

Mi bestia muerta, y mi furor domado.—

Ven, a callar; a murmurar; al ruido

De las hojas de Abril y los nidales.

Deja, oh mi amada, las paredes mudas

De esta casa ahoyada y ven conmigo

No al mar que bate y ruge sino al bosque

De rosas que hay al fondo de la selva.

Allí es buena la vida, porque es libre—

Y la virtud, por libre, será cierta,

Por libre, mi respeto meritorio.

Ni el amor, si no es libre, da ventura.

¡Oh, gentes ruines, las que en calma gozan

De robados amores! Si es ajeno

El cariño, el placer de respetarlo

Mayor mil veces es que el de su goce;

Del buen obrar ¡qué orgullo al pecho queda

Y còmo en dulces lágrimas rebosa,

Y en extrañas palabras, que parecen

Aleteos, no voces! Y ¡qué culpa

La de fingir amor! Pues hay tormento

Como aquél, sin amar, de hablar de amores!

Ven, que allí triste iré, pues yo me veo!

Ven, que la soledad será tu escudo!





MEDIA NOCHE



Oh, qué vergüenza!: —El sol ha iluminado

La tierra: el amplio mar en sus entrañas

Nuevas columnas a sus naves rojas

Ha levantado: el monte, granos nuevos

Juntò en el curso del solemne día

A sus jaspes y breñas: en el vientre

De las aves y bestias nuevos hijos

Vida, que es forma, cobran: en las ramas

Las frutas de los árboles maduran:—

Y yo, mozo de gleba, he puesto sòlo,

Mientras que el mundo gigantesco crece,

Mi jornal en las ollas de la casa!



Por Dios, que soy un vil!:— No en vano el sueño

A mis pálidos ojos es negado!

No en vano por las calles titubeo

Ebrio de un vino amargo, cual quien busca

Fosa ignorada donde hundirse, y nadie

Su crimen grande y su ignominia sepa!

No en vano el corazòn me tiembla ansioso

Como el pecho sin calma de un malvado!



El cielo, el cielo, con sus ojos de oro

Me mira, y ve mi cobardía, y lanza

Mi cuerpo fugitivo por la sombra

Como quien loco y desolado huye

De un vigilante que en sí mismo lleva!

La tierra es soledad! la luz se enfría!

Adonde iré que este volcan se apague?

Adonde iré que el vigilante duerma?



Oh, sed de amor! —oh, corazòn, prendado

De cuanto vivo el Universo habita;



Del gusanillo verde en que se trueca

La hoja del árbol: —del rizado jaspe

En que las ondas de la mar se cuajan:—

De los árboles presos, que a los ojos

Me sacan siempre lágrimas: —del lindo

Bribòn gentil que con los pies desnudos

En fango o nieve, diario o flor pregona.

Oh, corazòn, —que en el carnal vestido

No hierros de hacer oro, ni belfudos

Labios glotones y sensuosos mira,—

Sino corazas de batalla, y hornos

Donde la vida universal fermenta!—



Y yo, pobre de mí!, preso en mi jaula,

La gran batalla de los hombres miro!—

[1878]





YUGO Y ESTRELLA



Cuando nací, sin sol, mi madre dijo:

—Flor de mi seno, Homagno generoso

De mí y de la Creaciòn suma y reflejo,

Pez que en ave y corcel y hombre se torna,

Mira estas dos, que con dolor te brindo,

Insignias de la vida: ve y escoge.

Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza:

Have de manso buey, y como presta

Servicio a los señores, duerme en paja

Caliente, y tiene rica y ancha avena.

Ésta, oh misterio que de mí naciste

Cual la lumbre naciò de la montaña,

Ésta, que alumbra y mata, es una estrella:

Como que riega luz, los pecadores

Huyen de quien la lleva, y en la vida,

Cual un monstruo de crímenes cargado,

Todo el que lleva luz, se queda solo.

Pero el hombre que al buey sin pena imita,

Buey vuelve a ser, y en apagado bruto

La escala universal de nuevo empieza.

El que la estrella sin temor se ciñe,

Como que crea, crece!

Cuando al mundo

De su copa el licor vaciò ya el vivo:

Cuando, para manjar de la sangrienta

Fiesta humana, sacò contento y grave

Su propio corazòn: cuando a los vientos

De Norte y Sur virtiò su voz sagrada,—

La estrella como un manto, en luz lo envuelve,



Se enciende, como a fiesta, el aire claro,

Y el vivo que a vivir no tuvo miedo,

Se oye que un paso más sube en la sombra!



—Dame el yugo, oh mi madre, de manera

Que puesto en él de pie, luzca en mi frente

Mejor la estrella que ilumina y mata.




Versos Sencillos



Yo soy un hombre sincero

De donde crece la palma.

Y antes de morirme quiero

Echar mis versos del alma.

Yo vengo de todas partes,

Y hacia todas partes voy:

Arte soy entre las artes,

En los montes, monte soy.

Yo sé los nombres extraños

De las yerbas y las flores,

Y de mortales engaños,

Y de sublimes dolores.

Yo he visto en la noche oscura

Llover sobre mi cabeza

Los rayos de lumbre pura

De la divina belleza.

Alas nacer vi en los hombros

De las mujeres hermosas:

Y salir de los escombros

Volando las mariposas.

He visto vivir a un hombre

Con el puñal al costado,

Sin decir jamás el nombre

De aquella que lo ha matado.

Rápida, como un reflejo,

Dos veces vi el alma, dos:

Cuando murió el pobre viejo,

Cuando ella me dijo adiós.

Temblé una vez –en la reja,

A la entrada de la viña.—

Cuando la bárbara abeja

Picó en la frente a mi niña.

Gocé una vez, de tal suerte

Que gocé cual nunca: --cuando

La sentencia de mi muerte

Leyó el alcalde llorando.



Oigo un suspiro, a través

De las tierras y la mar,

Y no es un suspiro, --es

Que mi hijo va a despertar.

Si dicen que del joyero

Tome la joya mejor

Tomo a un amigo sincero

Y pongo a un lado el amor.

Yo he visto al águila herida

Volar al azul sereno,

Y morir en su guarida

La víbora del veneno.

Yo sé bien que cuando el mundo

Cede, lívido, al descanso,

Sobre el silencio profundo

Murmura el arroyo manso.

Yo he puesto la mano osada

De horror y júbilo yerta,

Sobre la estrella apagada

Que cayó frente a mi puerta.

Oculto en mi pecho bravo

La pena que me lo hiere:

El hijo de un pueblo esclavo

Vive por él, calla, y muere.

Todo es hermoso y constante,

Todo es música y razón,

Y todo, como el diamante,

Antes que luz es carbón.

Yo sé que el necio se entierra

Con gran lujo y con gran llanto,--

Y que no hay fruta en la tierra

Como la del camposanto.

Callo, y entiendo, y me quito

La pompa del rimador:

Cuelgo de un árbol marchito

Mi muceta de doctor.



V



Si ves un monte de espumas,

Es mi verso lo que ves:

Mi verso es un monte, y es

Un abanico de plumas.

Mi verso es como un puñal

Que por el puño echa flor:

Mi verso es un surtidor

Que da un agua de coral.

Mi verso es de un verde claro

Y de un carmín encendido:

Mi verso es un ciervo herido

Que busca en el monte amparo.

Mi verso al valiente agrada:

Mi verso, breve y sincero,

Es del vigor del acero

Con que se funde la espada.



X



El alma trémula y sola

Padece al anochecer:

Hay baile; vamos a ver

La bailarina española.

Han hecho bien en quitar

El banderón de la acera;

Porque si está la bandera,

No sé, yo no puedo entrar.

Ya llega la bailarina:

Soberbia y pálida llega:

¿Cómo dicen que es gallega?

Pues dicen mal: es divina.

Lleva un sombrero torero

Y una capa carmesí:

¡Lo mismo que un alelí!

Que se pusiese un sombrero!

Se ve, de paso, la ceja,

Ceja de mora traidora:

Y la mirada, de mora:

Y como nieve la oreja.

Preludian, bajan la luz,

Y sale en bata y mantón,

La virgen de la Asunción

Bailando un baile andaluz.

Alza, retando, la frente;

Crúzase al hombre la manta:

En arco el brazo levanta:

Mueve despacio el pie ardiente.

Repica con los tacones

El tablado zalamera,

Como si la tabla fuera

Tablado de corazones.

Y va el convite creciendo

En las llamas de los ojos,

Y el manto de flecos rojos

Se va en el aire meciendo.

Súbito, de un salto arranca:

Húrtase, se quiebra, gira:

Abre en dos la cachemira,

Ofrece la bata blanca.

El cuerpo cede y ondea;

La boca abierta provoca;

Es un rosa la boca:

Lentamente taconea.

Recoge, de un débil giro,

El manto de flecos rojos:

Se va, cerrando los ojos,

Se va, como en un suspiro...

Baila muy bien la española;

Es blanco y rojo el mantón:

¡Vuelve, fosca a su rincón,

El alma trémula y sola!



XI



Yo tengo un paje muy file

Que me cuida y que me gruñe,

Y al salir, me limpia y bruñe

Mi corona de laurel.

Yo tengo un paje ejemplar

Que no come, que no duerme,

Y que se acurruca a verme

Trabajar, y sollozar.

Salgo, y el vil se desliza

Y en mi bolsillo aparece;

Vuelvo, y el terco me ofrece

Una taza de ceniza.

Si duermo, al rayar el día

Se sienta junto a mi cama:

Si escribo, sangre derrama

Mi paje en la escribanía.

Mi paje, hombre de respeto,

Al andar castañetea:

Hiela mi paje, y chispea:

Mi paje es un esqueleto.



XVIII



Es rubia: el cabello suelto

Da más luz al ojo moro:

Voy, desde entonces, envuelto

En un torbellino de oro.

La abeja estival que zumba

Más ágil por la flor nueva,

No dice, como antes, "tumba":

"Eva" dice: todo es "Eva".

Bajo, en lo oscuro, al temido

Raudal de la catarata:

¡Y brilla el iris, tendido

Sobre las hojas de plata!

Miro, ceñudo, la agreste

Pompa del monte irritado;

¡Y en el alma azul celeste

Brota un jacinto rosado!

Voy, por el bosque, a paseo

A la laguna vecina:

Y entre las ramas la veo,

Y por el agua camina.

La serpiente del jardín

Silva, escupe, y se resbala

Por su agujero: el clarín

Me tiende, trinando, el ala.

¡Arpa soy, salterio soy

Donde vibra el Universo:

Vengo del sol, y al sol voy:

Soy el amor: soy el verso!



XII



Estoy en el baile extraño

De polaina y casaquín

Que dan, del año hacia el fin,

Los cazadores del año.

Una duquesa violeta

Va con un frac colorado:

Marca un vizconde pintado

El tiempo en la pandereta.

Y pasan las chupas rojas;

Pasan los tules de fuego,

Como delante de un ciego

Pasan volando las hojas.



XLV



Sueño con claustros de mármol

Donde en silencio divino

Los héroes, de pie, reposan:

¡De noche, a la luz del alma,

Hablo con ellos: de noche!

Están en fila: paseo

Entre las filas: las manos

De piedra les beso: abren

Los ojos de piedra: mueven

Los labios de piedra: tiemblan

Las barbas de piedra: empuñan

La espada de piedra: lloran:

¡Vibra la espada en la vaina!:

Mudo, les beso la mano.

Hablo con ellos, de noche!

Están en fila: paseo

Entre las filas: lloroso

Me abrazo a un mármol: "Oh mármol,

Dicen que beben tus hijos

Su propia sangre en las copas

Venenosas de sus dueños!

Que hablan la lengua podrida

De sus rufianes! que comen

Juntos el pan del oprobio,

En la mesa ensangrentada!!

Que pierden en lengua inútil

El último fuego!: ¡dicen,

Oh mármol, mármol dormido,

Que ya se ha muerto tu raza!"

Échame en tierra de un bote

El héroe que abrazo: me ase

Del cuello: barre la tierra

Con mi cabeza: levanta

El brazo, ¡el brazo le luce

Lo mismo que un sol!: resuena

La piedra: buscan el cinto

Las manos blancas: del soclo

Saltan los hombres de mármol!



XLVI



Vierte, corazón, tu pena

Donde no se llegue a ver,

Por soberbia, y por no ser

Motivo de pena ajena.

Yo te quiero, verso amigo,

Porque cuando siento el pecho

Ya muy cargado y deshecho,

Parto la carga contigo.

Tú me sufres, tú aposentas

En tu regazo amoroso,

Todo mi ardor doloroso,

Todas mis ansias y afrentas.



Tú, porque yo pueda en calma

Amar y hacer bien, consientes

En enturbiar tus corrientes

En cuanto me agobia el alma.

Tú, porque yo cruce fiero

La tierra, y sin odio, y puro,

Te arrastras, pálido y duro,

Mi amoroso compañero.

Mi vida así se encamina

Al cielo limpia y serena,

Y tú me cargas mi pena

Con tu paciencia divina.

Y porque mi cruel costumbre

De echarme en ti te desvía

De tu dichosa armonía

Y natural mansedumbre;

Porque mis penas arrojo

Sobre tu seno, y lo azotan,

Y tu corriente alborotan,

Y acá lívido, allá rojo,

Blanco allá como la muerte,

Ora arremetes y ruges,

Ora con el peso crujes

De un dolor más que tú fuerte.

¿Habré, como me aconseja

Un corazón mal nacido,

De dejar en el olvido

A aquel que nunca deja?

¡Verso, nos hablan de un Dios

A donde van los difuntos:

Verso, o nos condenan juntos,

O nos salvamos los dos!



La niña de Guatemala IX


Quiero, a la sombra de un ala,

Contar este cuento en flor:

La niña de Guatemala,

La que se murió de amor.



Eran de lirios los ramos,

Y las orlas de reseda

Y de jazmín: la enterramos

En una caja de seda.



...Ella dio al desmemoriado

Una almohadilla de olor:

El volvió, volvió casado:

Ella se murió de amor.



Iban cargándola en andas

Obispos y embajadores:

Detrás iba el pueblo en tandas,

Todo cargado de flores.



...Ella, por volverlo a ver,

Salió a verlo al mirador:

El volvió con su mujer:

Ella se murió de amor.



Como de bronce candente

Al beso de despedida

Era su frente ¡la frente

Que más he amado en mi vida!



...Se entró de tarde en el río,

La sacó muerta el doctor:

Dicen que murió de frío:

Yo sé que murió de amor.



Allí, en la bóveda helada,

La pusieron en dos bancos:

Besé su mano afilada,

Besé sus zapatos blancos.



Callado, al oscurecer,

Me llamó el enterrador:

¡Nunca más he vuelto a ver

A la que murió de amor!



Cuento Infantil. Versos




LOS ZAPATICOS DE ROSA

Hay sol bueno y mar de espumas,

Y arena fina, y Pilar

Quiere salir a estrenar

Su sombrerito de pluma.



"¡Vaya la niña divina!"

Dice el padre, y le da un beso,

"Vaya mi pájaro preso

A buscarme arena fina!".



"Yo voy con mi niña hermosa",

Le dijo la madre buena:

"¡No te manches en la arena

Los zapaticos de rosa!"



Fueron las dos al jardín

Por la calle del laurel:

La madre cogió un clavel

Y Pilar cogió un jazmín.



Ella va de todo juego,

Con aro, y balde y paleta:

El balde es color violeta,

El aro es color de fuego.



Vienen a verlas pasar,

Nadie quiere verlas ir,

La madre se echa a reír,

Y un viejo se echa a llorar.



El aire fresco despeina

A Pilar, que viene y va

Muy oronda:"¡Dí, mamá!

¿Tú sabes qué cosa es reina?"



Y por si vuelven de noche

De la orilla de la mar,

Para la madre y Pilar

Manda luego el padre el coche.



Está la playa muy linda:

Todo el mundo está en la playa;

Lleva espejuelos el aya

De la francesa Florinda.



Está Alberto, el militar

Que salió en la procesión

Con tricornio y con bastón,

Echando un bote a la mar.



¡Y qué mala, Magdalena

Con tantas cintas y lazos,

A la muñeca sin brazos,

Enterrándola en la arena!



Conversan allá en las sillas,

Sentadas con los señores,

Las señoras, como flores,

Debajo de las sombrillas.



Pero está con estos modos

Tan serios, muy triste el mar:

¡Lo alegre es allá, al doblar,

En la barranca de todos!



Dicen que suenan las olas

Mejor allá en la barranca,

Y que la arena es muy blanca

Donde están las niñas solas.



Pilar corre a su mamá:

"¡Mamá, yo voy a ser buena;

Déjame ir sola a la arena;

Allá, tú me ves, allá!"



"¡Esta niña caprichosa!

No hay tarde que no me enojes:

Anda, pero no te mojes

Los zapaticos de rosa."



Le llega a los pies la espuma,

Gritan alegres las dos;

Y se va, diciendo adiós,

La del sombrero de pluma.



Se va allá, donde ¡muy lejos!

Las aguas son más salobres,

Donde se sientan los pobres,

Donde se sientan los viejos!



Se fue la niña a jugar,

La espuma blanca bajó,

Y pasó el tiempo, y pasó

Un águila por el mar.



Y cuando el sol se ponía

Detrás de un monte dorado,

Un sombrerito callado

Por las arenas venía.



Trabaja mucho, trabaja,

Para andar: ¿qué es lo que tiene

Pilar que anda así, que viene

Con la cabecita baja?



Bien sabe la madre hermosa

Por qué le cuesta el andar:

--¿Y los zapatos, Pilar,

Los zapaticos de rosa?"



"¡Ah, loca! ¿en dónde estarán?

¡Dí dónde Pilar!" –"Señora",

Dice una mujer que llora:

"¡Están conmigo, aquí están!"



"Yo tengo una niña enferma

Que llora en el cuarto obscuro,

Y la traigo al aire puro,

A ver el sol, y a que duerma.



"Anoche soñó, soñó

Con el cielo, y oyó un canto,

Me dio miedo, me dio espanto,

Y la traje y se durmió.



"Con sus dos brazos menudos

Estaba como abrazando;

Y yo mirando, mirando

Sus piececitos desnudos.



"Me llego al cuerpo la espuma.

Alcé los ojos, y ví

Está niña frente a mí

Con su sombrero de pluma.



"¡Se parece a los retratos

Tu niña"--dijo:--"¿Es de cera?

¿Quiere jugar? ¡si quisiera!…

¿Y por qué está sin zapatos?



"Mira, ¡la mano le abrasa,

Y tiene los pies tan fríos!

¡Oh, toma, toma los míos,

Yo tengo más en mi casa!"



¡No sé bien, señora hermosa,

Lo que sucedió después:

¡Le ví a mi hijita en los pies

Los zapaticos de rosa!"



Se vio sacar los pañuelos

A una rusa y a una inglesa;

El aya de la francesa

Se quitó los espejuelos.



Abrió la madre los brazos,

Se echó Pilar en su pecho,

Y sacó el traje deshecho,

Sin adornos y sin lazos.



Todo lo quiere saber

De la enferma la señora:

¡No quiere saber que llora

De pobreza una mujer!



"¡Sí, Pilar, dáselo! ¡y eso

También! ¡tu manta! ¡tu anillo!"

Y ella le dio su bolsillo,

Le dio el clavel, le dio un beso.



Vuelven calladas de noche

A su casa del jardín;

Y Pilar va en el cojín

De la derecha del coche.



Y dice una mariposa

Que vio desde su rosal

Guardados en un cristal

Los zapaticos de rosa.

Saturday, February 20, 2010

Juana Borrero Pierra



La tormentosa corta vida de Juana Borrero

Por Pedro Meluzá López





La historia universal registra muchos ejemplos de niños precoces, pero en Cuba a través de los tiempos han surgido pocos. Entre los más conocidos y brillantes está Juana Borrero Pierra, poetisa y pintora cuya obra y maestría en ambas artes despuntó cuando aún no alcanzaba los 10 años de edad.



Nacida en La Habana el 18 de mayo de 1877, murió en 1896 a los 18, pero desde los cinco escribía sonetos de impecable técnica y elaboraba dibujos impresionistas que admiraron a los profesores de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro. Uno de sus maestros, el célebre pintor Armando Menocal, le dijo en una ocasión al padre Esteban Borrero: “No tengo nada que enseñarle” a su hija, quien contaba entonces 12 primaveras.



La inteligente capitalina llega a su madurez pictórica a los siete años. La gente humilde del pueblo, la naturaleza y las plantas marinas y los caracoles eran los temas centrales de sus dibujos y óleos, tan perfectamente trasladados al lienzo que los eminentes naturalistas cubanos Felipe Poey y Carlos de la Torre elogiaban con frecuencia la exactitud científica de las creaciones de Juana.



No había alcanzado aún la adolescencia y ya era conocida por numerosos poemas y lo tormentoso y melancólico de sus sonetos de amor, compuestos con depurada técnica.



Entre sus dolores y pasiones, la Patria tenía también lugar importante, pues el padre y ella misma estaban comprometidos con la insurrección independentista y el novio, Carlos Pío Uhrbach, peleó junto a los mambises.



Por su quehacer libertario la familia Borrero fue obligada a emigrar en enero del 96 y se estableció en Cayo Hueso. Allí muere de fiebre tífica, dos meses después (9 de marzo), la “adolescente atormentada”, como la calificara en 1966 el escritor y crítico Angel Augier.



Gran parte de su obra poética se perdió, pero perdura lo que se considera su testamento lírico, escrito poco antes de fallecer, bajo el título “Última rima”, y cuya primera estrofa dice:



Yo he soñado en mis lúgubres noches,/ en mis noches

tristes de pena y lágrimas,/ con un beso de amor imposible,/

sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias...




Íntima



¿Quieres sondear la noche de mi espíritu?

Allá en el fondo oscuro de mi alma

hay un lugar donde jamás penetra

la clara luz del sol de la esperanza.

¡Pero no me preguntes lo que duerme

bajo el sudario de la sombra muda...;

detente allí junto al abismo y llora

como se llora al borde de las tumbas!

©Juana BORRERO




Vespertino



Para la amable señorita Teresa Aritzti



Hacia el ocaso fúlgido titila

el temblador lucero vespertino,

y a lo lejos, se escucha del camino

el eco vago de lejana esquila.



Como escuadrón de caprichosa fila

nubecillas de tono purpurino

se desvellonan en celaje fino,

etérea gasa, que disuelta oscila.



El rayo débil que las nubes dora,

lentamente se extingue, agonizante,

sus fulgores lanzando postrimeros;



y la noche se apresta vencedora

a desceñir sobre el cenit triunfante

su soberbia diadema de luceros.

©Juana BORRERO




Crepuscular



Todo es quietud y paz... En la penumbra

se respira el olor de los jazmines,

y, más allá, sobre el cristal del río

se escucha el aleteo de los cisnes



que, como grupo de nevadas flores,

resbalan por la tersa superficie.

Los oscuros murciélagos resurgen

de sus mil ignorados escondites,



y vueltas mil, y caprichosos giros

por la tranquila atmósfera describen;

o vuelan luego rastreando el suelo,



rozando apenas con sus alas grises

del agrio cardo el amarillo pétalo,

de humilde malva la corola virgen.

©Juana BORRERO





Medieval



Junto a la negra mole de la muralla altiva

que alumbran las estrellas con tenue luz de plata

el trovador insomne de frente pensativa

preludia conmovido la triste serenata.



El aura de la noche voluble y fugitiva,

besa los largos pliegues del manto de escarlata,

y extiende la armoniosa cadencia persuasiva

que el plácido reposo perturba de la ingrata.



Al pie del alto foso destácase la airosa

romántica figura del rubio menestrello,

que al agitar la mano sobre el cordaje de oro



entristecido, exhala su queja dolorosa

en la cadencia rítmica del dulce ritornello,

y en sus mejillas siente que se desborda el lloro.

©Juana BORRERO




Apolo



Marmóreo, altivo, refulgente y bello,

corona de su rostro la dulzura,

cayendo en torno de su frente pura

en ondulados rizos sus cabellos.



Al enlazar mis brazos a su cuello

y al estrechar su espléndida hermosura,

anhelante de dicha y de ventura

la blanca frente con mis labios sello.



Contra su pecho inmóvil, apretada

adoré su belleza indiferente,

y al quererla animar, desesperada,



llevada por mi amante desvarío,

dejé mil besos de ternura ardiente

allí apagados sobre el mármol frío.

©Juana BORRERO



Reve

Su voz debe ser dulce y persuasiva

y soñadora y triste su mirada...

debe tener la frente pensativa

por un halo de ensueños circundada.



Su alma genial, cual pálida cautiva

de un astro esplendoroso desterrada,

sueña con una nube fugitiva

y con el traje de crespón de un hada.



Cuando la ronda azul de los delirios

disipa sus nostálgicos martirios

borrando del pesar la obscura huella,



él se acuerda en la noche silenciosa

de aquella virgencita misteriosa

que dejó abandonada en una estrella.

©Juana BORRERO





Última rima



Yo he soñado en mis lúgubres noches,

en mis noches tristes de penas y lágrimas,

con un beso de amor imposible

sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias.



Yo no quiero el deleite que enerva,

el deleite jadeante que abrasa,

y me causan hastío infinito

los labios sensuales que besan y manchan.



¡Oh, mi amado!, ¡mi amado imposible!

Mi novio soñado de dulce mirada,

cuando tú con tus labios me beses

bésame sin fuego, sin fiebre y sin ansias.



Dame el beso soñado en mis noches,

en mis noches tristes de penas y lágrimas,

que me deje una estrella en los labios

y un tenue perfume de nardo en el alma.




JUANA BORRERO

por Julián del Casal





JUANA BORRERO



Tez de ámbar, labios rojos,

Pupilas de terciopelo

Que más que el azul del cielo

Ven del mundo los abrojos.



Cabellera azabachada

Que, en ligera ondulación,

Como velo de crespón

Cubre su frente tostada.



Ceño que a veces arruga,

Abriendo en sus alma una herida,

La realidad de la vida

O de una ilusión la fuga.



Mejillas suaves de raso

En que la vida fundiera

La palidez de la cera,

La púrpura del ocaso.



¿Su boca? Rojo clavel

Quemado por el estío,

Mas donde vierte el hastío

Gotas amargas de hiel.



Seno en que el dolor habita

De una ilusión engañosa,

Como negra mariposa

En fragante margarita.



Manos que para el laurel

Que a alcanzar su genio aspira,

Ora recorren la lira,

Ora mueven el pincel.



¡Doce años! Mas sus facciones

Veló ya de honda amargura

La tristeza prematura

De los grandes corazones.

Friday, February 19, 2010

DULCE MARÍA LOYNAZ


(1903 – 1997)




Nació en La Habana. Hija del general del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo y hermana del poeta Enrique Loynaz Muñoz. De joven estudió bajo tutores selectos sin tener que salir de su hogar. Publicó, a los diez y siete años, sus primeros poemas en La Nación, en 1920, año en el que también visita a los Estados Unidos y casi toda Europa.



En 1927 pasó los exámenes del doctorado en Derecho Civil, por la Universidad de la Habana, profesión que practicó, aunque a desganas, durante su vida adulta, pero que dejó de ejercer en 1961.



En 1950 publicó crónicas semanales en El País y Excélsior. También tiene colaboraciones en Social, Grafos, Diario de la Marina, El Mundo, Revista Cubana, Revista Bimestre Cubana, Orígenes.



Invitada por la Universidad de Salamanca, asistió a la celebración del V centenario del nacimiento de los Reyes Católicos (1953). Fue electa miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras en 1951, de la Academia Cubana de la Lengua en 1959 y de la Real Academia Española de la Lengua en 1968. Ha ofrecido conferencias y lecturas, tanto en Cuba, como en Hispanoamérica y en España.



Ha recibido muchos premios, entre los que podemos mencionar: Orden Carlos Manuel de Céspedes, Orden Félix Varela, Distinción por la Cultura Nacional y Medalla Alejo Carpentier (Cuba) y Orden de Alfonso X el Sabio (España). Fue galardonada con el Premio Nacional de la Literatura (1987), Premio de la Crítica (1991) y Premio Miguel de Cervantes (1992). Murió en la Habana en 1997.



Aquí presentamos una selección de sus poemas sacados del libro titulado Versos y, entre ellos, como colofón, escogimos quizás el poema más famoso de la colección, “Canto a la mujer estéril”.









LA MUJER DE HUMO



Hombre que me besas,

hay humo en tus labios.

Hombre que me ciñes,

viento hay en tus brazos.



Cerraste el camino,

yo seguí de largo;

alzaste una torre,

yo seguí cantando...



Cavaste la tierra,

yo pasé despacio...

Levantaste un muro

¡Yo me fui volando!...



Tu tienes la flecha:

yo tengo el espacio;

tu mano es de acero

y mi pie es de raso...



Mano que sujeta,

pie que escapa blando...

¡Flecha que se tira!...

(El espacio es ancho...)



Soy lo que no queda

ni vuelve. Soy algo

que disuelto en todo

no está en ningún lado...



Me pierdo en lo oscuro,

me pierdo en lo claro,

en cada minuto

que pasa... En tus manos.



Humo que se crece,

humo fino y largo,

crecido y ya roto

sobre un cielo pálido...



Hombre que me besas,

tu beso es en vano...

Hombre que me cines:

¡Nada hay en tus brazos!






EL AMOR INDECISO



Un amor indeciso se ha acercado a mi puerta...

Y no pasa; y se queda frente a la puerta abierta.



Yo le digo al amor: -¿Que te trae a mi casa?

Y el amor no responde, no saluda, no pasa...



Es un amor pequeño que perdió su camino:

Venía ya la noche... Y con la noche vino.



¡Qué amor tan pequeñito para andar con la sombra!...

¿Qué palabra no dice, qué nombre no me nombra?...



¿Qué deja ir o espera? ¿Qué paisaje apretado

se le quedó en el fondo de los ojos cerrado?



Este amor nada dice... Este amor nada sabe:

Es del color del viento, de la huella que un ave



deja en el viento... -Amor semi-despierto, tienes

los ojos neblinosos aun de Lázaro... Vienes



de una sombra a otra sombra con los pasos trocados

de los ebrios, los locos... ¡Y los resucitados!



Extraño amor sin rumbo que me gana y me pierde,

que huele las naranjas y que las rosas muerde...,



Que todo lo confunde, lo deja... ¡Y no lo deja!

Que esconde estrellas nuevas en la ceniza vieja...



Y no sabe morir ni vivir: Y no sabe

que el mañana es tan sólo el hoy muerto... El cadáver



futuro de este hoy claro, de esta hora cierta...

Un amor indeciso se ha dormido a mi puerta...






SI ME QUIERES, QUIÉREME ENTERA



Si me quieres, quiéreme entera,

no por zonas de luz o sombra...

Si me quieres, quiéreme negra

y blanca. Y gris, y verde, y rubia,

y morena...

Quiéreme día,

quiéreme noche...

¡Y madrugada en la ventana abierta!


Si me quieres, no me recortes:

¡Quiéreme toda... O no me quieras!
Biografía: José Angel Buesa, nacido un 2 de septiembre de 1910. En Cruces, ciudad de la antigua provincia de Las villas, ahora Cienfuegos, Cuba.




Comienza en el mundo de la poesía a los 7 años de edad, edad a la que empieza a escribir sus primeros versos. Al llegar a la adolescencia, marcha a Cienfuegos a continuar sus estudios en el Colegio de los Hermanos Maristas. La gente, los cañaverales, y todo el medio ambiente de Cienfuegos, ejerce un embrujo en el alma del poeta y este empieza a plasmar en sus versos la magia destelleante del paisaje que lo rodea. Aun joven, deja a Cienfuegos para irse a trabajar a la Habana, donde la rutina de su empleo le da tiempo para tomar parte activa en los grupos literarios existentes en aquel entonces.



Por ese entonces empieza a publicar sus libros, Sus principales obras son: La fuga de las horas (1932), Misas paganas (1933), Babel (1936), Canto final (1936), Oasis, Hyacinthus, Prometeo, La Vejez de Don Juan, Odas por la Victoria y Muerte Diaria (todas de 1943), Cantos de Proteo (1944), Lamentaciones de Proteo, Canciones de Adán (ambas de 1947), Poemas en la Arena, Alegría de Proteo (ambas de 1948), Nuevo Oasis y Poeta Enamorado (1949).



Buesa se ve obligado a abandonar cuba para empezar una peregrinacion por varios paises, España, Islas Canarias El Salvador, y Santo Domingo Republica Dominicana donde muere en 1982.





Arte poética

Ama tu verso, y ama sabiamente tu vida,

la estrofa que más vive, siempre es la mas vivida.

Un mal verso supera la más perfecta prosa,

aunque en prosa y en verso digas la misma cosa.



Así como el exceso de virtud hace el vicio,

el exceso de arte llega a ser artificio.

Escribe de tal modo que te entienda la gente,

igual si es ignorante que si es indiferente.



Cumple la ley suprema de desdeñarlas todas,

sobre el cuerpo desnudo no envejecen las modas.

Y sobre todo, en arte y vida, sé diverso,

pues sólo así tu mente revivirá en tu verso.




Balada del loco amor I


No, nada llega tarde, porque todas las cosas

tienen su tiempo justo, como el trigo y las rosas;

sólo que, a diferencia de la espiga y la flor,

cualquier tiempo es el tiempo de que llegue el amor.

No, Amor no llega tarde. Tu corazón y el mío

saben secretamente que no hay amor tardío.

Amor, a cualquier hora, cuando toca a una puerta,

la toca desde adentro, porque ya estaba abierta.

Y hay un amor valiente y hay un amor cobarde,

pero, de cualquier modo, ninguno llega tarde.



II



Amor, el niño loco de la loca sonrisa,

viene con pasos lentos igual que viene a prisa;

pero nadie está a salvo, nadie, si el niño loco

lanza al azar su flecha, por divertirse un poco.

Así ocurre que un niño travieso se divierte,

y un hombre, un hombre triste, queda herido de muerte.

Y más, cuando la flecha se le encona en la herida,

porque lleva el veneno de una ilusión prohibida.

Y el hombre arde en su llama de pasión, y arde, y arde

Y ni siquiera entonces el amor llega tarde.



III



No, yo no diré nunca qué noche de verano

me estremeció la fiebre de tu mano en mi mano.

No diré que esa noche que sólo a ti te digo

se me encendió en la sangre lo que soñé contigo.

No, no diré esas cosas, y, todavía menos,

la delicia culpable de contemplar tus senos.

Y no diré tampoco lo que vi en tu mirada,

que era como la llave de una puerta cerrada.

Nada más. No era el tiempo de la espiga y la flor,

y ni siquiera entonces llegó tarde el amor.




Balada del mal amor


Qué lástima muchacha,

que no te pueda amar.

Yo soy un árbol seco que sólo espera el hacha,

y tú un arroyo alegre que sueña con el mar.



Yo eché mi red al río…

Se me rompió la red…

No unas tu vaso lleno con mi vaso vacío,

pues si bebo en tu vaso voy a sentir más sed.



Se besa por el beso,

por amar el amor…

Ese es tu amor de ahora, pero el amor no es eso,

pues sólo nace el fruto cuando muere la flor.



Amar es tan sencillo,

tan sin saber por qué…

Pero así como pierde la moneda su brillo,

el alma, poco a poco, va perdiendo su fe.



¡Qué lástima muchacha,

que no te pueda amar!

Hay velas que se rompen a la primera racha,

¡y hay tantas velas rotas en el fondo del mar!



Pero aunque toda herida

deja una cicatriz,

no importa la hoja seca de una rama florida,

si el dolor de esa hoja no llega a la raíz.



La vida, llama o nieve,

es un molino que

va moliendo en sus aspas el viento que lo mueve,

triturando el recuerdo de lo que ya se fue…



Ya lo mío fue mío,

y ahora voy al azar…

Si una rosa es más bella mojada de rocío,

el golpe de la lluvia la puede deshojar…



Tuve un amor cobarde.

Lo tuve y lo perdí…

Para tu amor temprano ya es demasiado tarde,

porque en mi alma anochece lo que amanece en ti.



El viento hincha la vela, pero la deshilacha,

y el agua de los ríos se hace amarga en el mar…

¡Qué lástima muchacha,

que no te pueda amar




!Elegía para mí y para ti


Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,

y tú te irás borrando lentamente de mi sueño.

Un año y otro año caerán como hojas secas

de las ramas del árbol milenario del tiempo,

y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,

se alejará en la sombra creciente del recuerdo.



II



Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,

y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos,

bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,

de las desilusiones y los aburrimientos.

Tú, que nunca soñaste mas que cosas posibles,

dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.



III



Acaso nos veremos un día, casualmente,

al cruzar una calle, y nos saludaremos.

Yo pensaré quizás: " Qué linda es todavía."

Tú quizás pensarás: " Se está poniendo viejo "

Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo o con otra.

O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.



IV



Y seguirá muriendo la vida, año tras año,

igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.

Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,

o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.

Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,

pensaré en ti un instante, pero cada vez menos....



V



Y pasará la vida. Yo seguiré soñando;

pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.

Yo ya te habré olvidado definitivamente

y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.

(Y quizás, para entonces, al cruzar una calle,

nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.)



VI



Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,

las manos para siempre cruzadas sobre el pecho.

Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,

te pasarás las horas bostezando y tejiendo.

Y cada primavera renacerán las rosas,

aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.


Thursday, February 18, 2010

Ernesto Lecuona Casado.

Ernesto Lecuona Casado. 
Un pentagrama del recuerdo en el alma
Por Dinorah C. Rivas



Hay seres que nacen desbordados de talento, virtuosos, privilegiados, con una estrella perpetuamente iluminada que ni con la muerte dejan de brillar en el espí­ritu de su legado eterno.



Reaparece agosto vestido de gala y el mundo amante de la excelsa música, recuerda con añoranza al insigne músico y compositor por excelsitud, el Maestro Ernesto Lecuona Casado, honrado y admirado universalmente, sí­mbolo de la cultura cubana.



¿Qué pudiera escribir entonces de tan dotado ser que ya no haya sido expresado por la inspiración de eruditos musicólogos, escritores, poetas, pintores y bohemios?: Cruzar con mi imaginación el tiempo otrora, abrazada al doble privilegio que me da el ser cubana e hija de su querido pueblo natal Guanabacoa, “la hermosa Villa de Pepe Antonio”, y rendirle un humilde homenaje aflorando recapitulaciones de su vida y de su hermosa obra.



Cuba, 6 de agosto de 1896, recibe con sus brazos maternos el estreno de un nuevo verano por sus calles de adoquines, donde por una de sus callejuelas se levanta la majestuosa ventana colonial que a través de sus vitrales, deja escuchar por primera vez el llanto del genio recién nacido en el seno de la familia Lecuona, hijo de Don Ernesto y Doña Catalina, ambos tenerifeños. Don Ernesto es un respetable periodista de la época y dueño del periódico La Aurora de Matanzas, que después se llamo La Aurora del Yumurí­, entre otros periódicos que posteriormente dirigiera en la provincia matancera antes de trasladarse a su flamante residencia en el Municipio de Guanabacoa, donde continuará rigiendo otra publicación de prestigio. Alrededor del 1900, ya deteriorada su salud, regresa a Tenerife para pasar unas vacaciones de reposo. Pero la muerte es mas veloz que el tiempo y fallece unos dí­as más tarde de su arribo, sobreviviéndole su viuda y siete hijos, todos con tendencias musicales y de los cuales el más joven fue el prestigioso Ernesto Lecuona.



Puedo imaginar al pequeño niño en sus primeros años romanceando tiernamente con el piano de cola que poseía su familia, acariciando con los deditos curiosos de su mano izquierda las teclas del precioso instrumento, que hechizara las primeras notas musicales de su sensibilidad. Ah!­, frente al que fuera más tarde el inseparable y fiel amigo de todas sus andanzas estaba el virtuosísimo Lecuona, quien sería años mas tarde una de las mayores glorias de nuestro arte musical cubano, comprometido para siempre con su piano.



Niño prodigio al fin: al llegar a la edad de once años se desempeña como pianista en varios cines habaneros, acompañando las pelí­culas silentes que en éstos se exponí­an. A esa misma edad, en el año 1909 compone su primera obra para banda de concierto, la marcha titulada: Cuba y América; luego, sus primeras obras importantes fueron Danzas Cubanas (1911) y el Vals del Rhin (1912), obra musical que según los crí­ticos desnuda su inclinación folklórica.



A los 17 años se gradúa con honores del Conservatorio Nacional Cubano y comienza una larga gira por América del Norte y Europa, viaje que le sirve para cultivarse en nuevas técnicas a la vez que le permite darse a conocer en importantes salas junto a Gonzalo Roig y Rodrigo Prats; formando magistralmente una de las trilogías más destacadas y trascendentales de compositores del teatro lí­rico cubano y en especial de la zarzuela. El aporte más significativo de Lecuona al género teatral es la fórmula definitiva de la romanza cubana. Entre sus obras se destacan las zarzuelas: Canto Siboney, Damisela Encantadora, Diablos y Fantasías, El Amor del Guarachero, El Batey (1929), El Cafetal, El Calesero, El Maizal, La Flor del Sitio, Tierra de Venus (1927), Marí­a la O (1930) y Rosa la China (1932); también son notorias sus canciones: Canto Carabalí­, Siempre en mi corazón, (1930), La Comparsa (mundialmente célebre) y Malagueña (1933), perteneciente a su suite Andalucía. También son destacadas sus obras para danza, Danza de los ñáñi­gos y Danza Lucumí­; la ópera El Sombrero de Yarey, la Rapsodia Negra para piano y orquesta, así­ como su Suite Española.



Su asombrosa destreza como pianista, lo impulsa a ejecutar obras de la colección universal para piano, obteniendo así­ la anuencia de notables personalidades, entre las que cabe mencionar a Maurice Ravel, Joaquí­n Turina, Adolfo Salazar, Joaquí­n Nin y George Gershwin, entre otros grandes. Se ha dicho que la obra de otros creadores dejó de ser parte importante dentro de su repertorio para dar lugar a las suyas propias; sin embargo sus habilidades como intérprete y su inestimable perfección técnica siguieron destacándose en sus composiciones de un estilo singular y bien definido que incorporaba la elaboración de temas afrocubanos y españoles con gran expresividad y un carácter eminentemente de concierto. Es la totalidad de su trayectoria creativa un legado que lo confirma, a través de todos los tiempos, como un clásico de la cultura musical iberoamericana.



Como millones de cubanos, en 1960 Ernesto Lecuona abandona Cuba y se establece en Tampa, Florida. Triste, lejos de su amado terruño, viaja a la tierra de sus padres y fallece el 29 de noviembre de 1963 en Santa Cruz de Tenerife; fortuitamente igual que su progenitor.



Sin lugar a dudas, despues de un centenrio de su muerte. Lecuona sigue siendo una joya vital en la historia musical cubana y ecuménica. Su música, que ha traspasado los umbrales del tiempo, será eternamente el más genuino pentagrama del recuerdo en el alma.

Yo, soy Cuba



Yo, soy Cuba.


Dime extranjero. ¿Qué sientes al ver tu tierra?
Ver sus montes, sus praderas, sus ríos, sus llanos.
Mientras hoy vive el cubano atado de pies y manos.

Dime extranjero. ¿Qué sientes al ver tu tierra?
Respirar su aire libre, ir y volver cuando quieras,
Sin que exista un cruel tirano que tronche tu
hermoso sueño y deshonre tu bandera.

Dime extranjero. ¿Qué sientes al ver tu tierra?.
¡Ver a tus padres, a tus hermanos, a tus hijos!.
A ese ser que te espera con ansias de posar en tu
frente un beso; Mientras hoy vive el cubano llorando
su tierra en versos.
Mientras hoy vive el cubano lejos de su terruño,
alimentando el recuerdo, hablando, ...siempre de Cuba;
De aquellos días felices que ya nunca volverán.

Sólo te pido mi amigo me perdones, si insistente
te hablo de mis angustias, que son mías y de nadie más.
Pero no pretendas nunca que deje de hablar de mi patria,
de esa patria que es relieve en el fondo de mi alma.
Que la llevo en mis entrañas en mis venas y en mi sangre.

¡Cómo no hablarte de Cuba, si yo, soy Cuba!
Mi risa es Cuba, mi acento es Cuba,
mi llanto es Cuba y mi amor es Cuba.
Yo soy Palma... ¡Yo, soy Cuba!
Soy sinsonte... ¡Yo, soy Cuba!
Yo soy caña, mariposa, colibrí ¡Yo, soy Cuba!
Por mis venas late él son...
Yo soy ritmo, soy canción, yo soy lira. ¡Yo, soy Cuba!
Soy tu amiga; ¡Yo, soy Cuba!
Toma mi mano; ¡Yo, soy Cuba!
Soy Maceo, soy Martí, soy, ...el dolor de un pueblo; ¡Yo, soy Cuba!

Cómo olvidarme de ella, de esa isla a la que adoro,
y de ese mar, que aunque hermoso es vil sepulcro
de los sueños de mi gente.

Cómo olvidarme de Cuba; ¡Sería olvidarme de Dios!

¿Por qué cercenas mi voz si Cuba es grito en mi garganta?

¿Cómo acallar mi nostalgia? ¡Oh Dios! Si en ti, he puesto toda mi fe.

¿Cómo olvidarme de Cuba, mi amigo?
Si toda yo, desde la cabeza a los pies... ¡Soy Cuba!

Dinorah Rivas.

4/5/1994.