`Linden Lane': nuevo formato(Ultimo de una serie de tres)
Belkis Cuza-Malé fue y es la heroína de Linden Lane Magazine, publicada consecutivamente desde 1982 dondequiera que ella haya vivido: en Nueva Jersey, en Texas, en la Florida.
Nacida en Guantánamo, Cuba, y habiendo estudiado en la Universidad de Oriente, Belkis se fue a La Habana, donde comenzó enseguida a trabajar en periódicos, primeramente en Hoy, luego en Granma y más tarde en La Gaceta de Cuba. Se casó con Heberto Padilla en 1967 y le tocó estar encarcelada con él en 1971 por ``escritos subversivos''. Los libros que tenía publicados hasta ese entonces eran: El viento en la pared (1962), Los alucinados (1963), Tiempos de sol (1963) y Cartas a Ana Frank (1966). Su trabajo periodístico era también considerable. ``En Hoy estuve haciendo crítica de radio y televisión, con un seudónimo'', cuenta la escritora, ``cuando se acabó el periódico me mandaron para el nuevo periódico, Granma, donde hacía todo lo literario: entre otros entrevisté a Julio Cortázar, a Mario Vargas Llosa y a Alberto Moravia''. Pero después del año 71 fue silenciada.
Cuza-Malé se exilió con su hijo pequeño en 1979 y con sus gestiones pudo conseguir que Padilla saliera de Cuba, a pesar de que antes fue muy presionada a regresar a la isla por los funcionarios cubanos en Estados Unidos, porque estaba indocumentada. Su interés en la biografía creció en los años 70, y publicó más tarde lo que había investigado y escrito en Cuba, El clavel y la rosa: biografía de Juana Borrero (Instituto de Cooperación Iberoamericana en Madrid, 1984), sobre la poeta con la que se identificó espiritualmente. Le tradujeron al inglés Woman on the Front Lines, que incluye Juego de damas y El patio de mi casa (Greensboro: Unicorn Press, Inc., 1987) y Elvis. The Unquiet Grave or the True Story of Jon Burrows (1994). Publicó luego Juego de damas (2002) y La otra mejilla (ZV Lunáticas prólogo Grace Giselle Piney Roche, 2007).
El más reciente número de Linden Lane Magazine, correspondiente al Volumen XXVIII Nos. 1, 2, 3, 4 del 2009, en homenaje a la pintora cubana Carmen Herrera, que no ha sido reconocida hasta muy recientemente, es distinto en formato al estilo que prefería Belkis (``Yo escogí el del New York Review of Books''), que era tabloide, con papel de periódico, y el título en cursiva. La razón es el costo, porque ``ahora se imprime a medida que se encarga'', explica, ``en principio, hacía 3,000 ejemplares, se lo mandaba a las personas se suscribieran o no. Era un trabajo monstruoso que hacía yo sola, porque, como decía Flaubert: `Madame Bovary soy yo', y `Linden Lane soy yo'. Era hasta la `peistopista' (pegaba los cromos en las cartulinas); hace unos años aprendí a hacerla en la computadora. En Cuba, me pidieron mi primer diseño en los años 60 y pico: el disco del comandante Juan Almeida. ¡Y tuve que enfrentarme con ese hombre que dirigía el ministerio de las fuerzas armadas!''.
Linden Lane Magazine --de cuya historia tiene miles de anécdotas que saldrán publicadas en sus memorias-- tendrá distinto formato y papel satinado, pero sigue suscribiendo la misma política editorial: ``La idea es sobre todo que los escritores cubanos tengan un sitio'', afirma su creadora, ``que sus voces no se apaguen''.
• Poemas de su libro Juego de damas. destruido en Cuba en su edición de 1971, y luego publicado en USA EN EL 2002.
Biografía del poeta
Para la biografía del poeta,
olviden el verdadero tono con que hablaba,
sus amores de guerra,
los rasgos físicos
(ojos café, nariz sin suerte),
la vida en familia,
su fórmula para conseguir enemigos,
su asombro, su pereza, su virtud.
Olviden quien lo trajo al mundo,
en qué mes y en qué año se produjo la cosa.
Tengan en cuenta solamente
las ciudades en que no amó,
el tipo de mujer que despreciaba
y la influencia de William Blake en su persona
Metamorfosis griega
Safo no fue una mujer, ni un hombre.
En medio de la flora y la fauna de una ciudad griega
y ocupados los hombres en los hombres,
Safo dibujó un mar salado, una nave
y un barril de agua dulce.
Se hizo acompañar de su criada
y de puerto en puerto reclutó esclavos,
muchachos casi negros,
deseosos de hacer sentir el sexo.
Con alguno de ellos hizo una preciosa niña
que le ocupó el resto de sus días.
Nadie sabe cómo murió, porque ya vieja
cerró su casa a los curiosos.
La Historia asegura que envolvió su rostro
en un manto de seda y que luego de pronunciar
dos o tres frases inconexas,
se transformó en una mariposa,
que aún vive, que aún aletea
junto a la lámpara,
o sobre el sombrero de Proust.
Oh, mi Rimbaud
He aquí que Rimbaud y yo nos hacemos al mar
en un gran elefante blanco,
nos perdemos en la bruma inconsolable de unos ojos
y como colegiales reincidimos de pronto
en el amor.
Él me toma de la mano y la rechaza con un grito.
Luego,
se abandona a las aguas
y atraviesa otros mares y otros ojos
y se queda sin mí,
me regala la cabellera roja de sus sueños,
el pálido color de sus mejillas,
un espejo.
Cuando aminore la tormenta y su caballo descubra el camino,
volverá dueño y señor del vellocino de oro,
jovial y para entonces harto ya de mí.
.Su bello ensayo, Olor a Cuba. Escrito en Fort Worth, TX. Nov. 2000.
OLOR A CUBA Por Belkis Cuza Malé En la novela de Francisco Umbral Trilogía de Madrid, el protagonista --el autor, mejor dicho, porque Umbral es sin duda ambos--, habla todo el tiempo del olor que percibe, que parece perseguirlo por la ciudad, el olor del "arroz a la cubana''. ¿Un plato típico de Cuba que no conocemos? Pues no, Umbral está hablando del casero arroz blanco, con huevos fritos y plátanos maduros. ¿Lo están ustedes también oliendo ahora? Pues, según él, Madrid estaba inundado en una época de "arroz a la cubana'', esa maravillosa combinación que en parte les debe el mérito a los esclavos africanos, quienes fueron, se dice, los que trajeron de su tierra el hábito de freír los plátanos maduros.
¿Puede haber olor más cubano? Es tan dulce como su sabor mismo, y va dejando una grata estela de recuerdos. No se equivocaba Umbral al hablar de la intensidad de este olor esparciéndose por todo Madrid en una época en que los cubanos exiliados traían también en sus valijas sus olores más queridos. Los familiares y humanos. Como el rico olor a café recién colado, o el del humo del tabaco en la sobremesa. ¿Olores cubanos? Sí, el de la tierra húmeda tras un aguacero; el del viento que arrastra los residuos de los cañaverales quemados; el del jazmín del cabo en la noche de los bateyes; el del rocío oliendo a esencia del alma; el del frijol colorado y el frijol negro humeando en la cocina; el de la carne de cerdo asándose entre hojas de guayaba; el del mar salpicando la piel de La Habana; el del agua de violeta de los bebés; el de las sábanas almidonadas, azuleadas y planchadas de nuestras abuelas; el del limonero junto a la ventana, ahí en el patio; el de la suave ternura del agua de coco; el de los deliciosos postres que asocio a encajes, canela y vainilla: arroz con leche, natilla, flanes, mantecados, boniatillos, toronjas en almíbar. El de las frituras de bacalao, el de los moros con cristianos (con un apelativo tan ajeno a la cruenta historia)...
Los niños de Cuba, ahora en tierras del exilio, no han olvidado sus olores y sabores. Paula, mi nieta, llegó a mi casa hace unos días con una botellita escondida en su mochila, y un ruego: "Abuela, quiero que me hagas arroz con leche como el de la señora López. Te traje la vainilla''. La señora López, la vecina de mi nieta, se alimenta todavía con los olores traídos de Cuba, y a su vez alimenta a Paula con el espíritu de la isla.
¿A qué huele Cuba? Sí, huele diferente, supongo. Huele distinta al resto del Caribe y, por supuesto, al resto del mundo. Cuba huele a Cuba. A sol y arena. Huele a sus versos, a sus canciones. Huele a lo que huelen los colores de la vida. Huela a energía buena, a energía radiante. Huele a tierra negra y a tierra colorada. Huele a sazón con ajo y cebolla y ají. Huele a perejil sobre el pargo. Pero sobre todo, huele a recuerdos, a tafetanes y tules, a rosas disecadas entre los libros. Huele a Colonia 1800, a lavanda, a talcos, a romero para ennegrecer el pelo; huele a brillantina (¿Tres flores o Palmolive?) en el cabello de los hombres; huele a jabón Candado, a las coladas de la ropa; huele a añil, que es el olor del cielo.
Un día llegué a la puerta de una casa, acá en Fort Worth, donde me habían dicho que vivían unos cubanos. No lo sabía. Pero aún sin haber tocado, el olor que salía por las rendijas de puertas y ventanas no dejaba lugar a dudas. Era el olor de un maravilloso ajiaco. Luego que me presenté, comenzaron a llegar otros olores, como si la isla entera hubiese también entrado en aquella hermosa casita.
En épocas de cruenta escasez (el llamado "período especial'') la gente no podía vivir sin el jabón, el talco y el agua de colonia para los niños. Es histórica ya la anécdota de que hace unos pocos años los cubanos se bañaban con un jabón que se alquilaban entre sí. Y que a pesar de la falta de agua, siempre dejaban un cubo para bañarse. Inventores como son, los cubanos de la isla encontraron una fórmula a base de alcohol y de no sé cuántas otras cosas para combatir el olor a sudor. Parodiando al poeta, toíto lo perdonan los cubanos menos el olor a sudor. Y en general, el mal olor.
El exceso de celo por la limpieza, por oler bien, ha encontrado en Fidel Castro, sin embargo, la excepción a la regla. El peludo y barbudo tirano osó también no sólo romper con todas nuestras instituciones, sino con nuestra tradición más querida de gente amante del aseo. Si usted mira una de esas fotografías de los primeros años de la revolución, se encontrará con un gigantón sucio, con las greñas grasosas y despeinadas, la ropa ajada y el rostro trasnochado. De seguro oliendo mal.
Al menos, tenemos algo más que nos diferencia de él. Y quizás el olor, el olor a limpio, a sol, a luna, a cielo, a palma y a marpacífico de Cuba lo niegan también, como lo niegan ya todos los cubanos, para quien este engendro del mal sólo huele a carroña. ¿O será a cañandonga? ¿Se acuerdan de ese olor tan anticubano?
.El arte de esta extraordinaria mujer. Belkis Cuza Malé
Partes del contenido de este apartado ha sido proporcionadas cortésmente por elAbanico.com exclusivamente para su publicación en este sitio web.
El abanico, además de convertirse en un elemento indispensable en la indumentaria de una época, se constituye en un instrumento de comunicación ideal en un momento en el que la libertad de expresión de las mujeres estaba totalmente restringida.
Cuando las damas del siglo XIX y principios del XX iban a los bailes eran acompañadas por su madre o por una señorita de compañía, con el fin de que éstas velasen por su comportamiento. Las señoritas de compañía eran muy celosas en el desempeño de la labor que se les encomendaba por lo que las jóvenes tuvieron que inventarse un medio para poder comunicarse con sus pretendientes y pasar desapercibidas.
Este objeto se convirtió en un auténtico parapeto de todo un repertorio que iba desde las sonrisas ingenuas, hasta auténticas declaraciones de enamorados .
Existían diferentes lenguajes del abanico pero todos ellos utilizaban como regla común la colocación del objeto en cuatro direcciones con cinco posiciones distintas en cada una de las cuatro. Con ese sistema se iban representando las letras del alfabeto.
Pero además de esa regla general, había ciertos gestos con significado ya conocido por todo el mundo, como pueden ser:
Sostener el abanico con la mano derecha delante del rostro: sígame.
Sostenerlo con la mano izquierda delante del rostro: busco conocimiento.
Mantenerlo en la oreja izquierda: quiero que me dejes en paz.
Dejarlo deslizar sobre la frente: has cambiado.
Moverlo con la mano izquierda: nos observan.
Cambiarlo a la mano derecha: eres un osado.
Arrojarlo con la mano: te odio.
Moverlo con la mano derecha: quiero a otro.
Dejarlo deslizar sobre la mejilla: te quiero.
Presentarlo cerrado: ¿me quieres?
Dejarlo deslizar sobre los ojos: vete, por favor.
Tocar con el dedo el borde: quiero hablar contigo.
Apoyarlo sobre la mejilla derecha: sí.
Apoyarlo sobre la mejilla izquierda: no.
Abrirlo y cerrarlo: eres cruel.
Dejarlo colgando: seguiremos siendo amigos.
Abanicarse despacio: estoy casada.
Abanicarse deprisa: estoy prometida.
Apoyar el abanico en los labios: bésame.
Abrirlo despacio: espérame.
Abrirlo con la mano izquierda: ven y habla conmigo.
Golpearlo, cerrado, sobre la mano izquierda: escríbeme.
Semicerrarlo en la derecha y sobre la izquierda: no puedo.
Abierto, tapando la boca: estoy sola
El abanico se convierte en un instrumento de comunicación ideal en un momento en el que la libertad de expresión de las mujeres estaba totalmente restringida.
Monday, February 22, 2010
Ignacio Cervantes (1847-1905)
Es uno de los más notables compositores, pianistas y pedagogos del siglo XIX cubano. Nació en La Habana el 31 de julio de 1847 y falleció en esta misma ciudad el 29 de abril de 1905.
Recibió los primeros conocimientos de piano de su padre, continuándolos con otros profesores prestigiosos como Juan Miguel Joval y Nicolás Ruíz Espadero.
En 1865 ingresa en el Conservatorio Imperial de París bajo las enseñanzas de Antoine Francois Marmontel y Charles Alkan, y allí obtiene un año después el Primer Premio en el Concurso de Piano, al que sigue el de Armonía —que gana en 1867 y1868—, logros estos que confirman su virtuosismo y capacidad musical.
En la capital francesa ofreció conciertos y acompañó al piano a cantantes de renombre, entre las cuales sobresalen Cristina Nilsson y Adelina Patti, logrando la admiración de músicos connotados como Rossini, Liszt y Gounod.
En 1870 regresa a La Habana donde inicia una loable función en el medio artístico y social vinculándose a las luchas de independencia junto al violinista José White. Esto trajo como consecuencia que fuera expulsado de Cuba y radicara en los Estados Unidos, donde prosiguió dicha empresa.
Ya en 1879, regresa a su suelo natal y retoma la labor artística antes desplegada como intérprete de compositores románticos europeos. Asume también la dirección de orquestas en los teatros habaneros Payret y Tacón y se destaca como notable pedagogo al formar a discípulos como Eduardo Sánchez de Fuentes, quien luego se convertiría en un relevante músico.
Cervantes inició la creación de sus obras desde temprana edad. En su reperto se encuentran música de cámara, sinfónica, zarzuelas y una ópera, pero se destacó, sobre todo, por sus danzas para piano, en las cuales recoge la esencia de lo cubano.
Estas pequeñas piezas, escritas para dos y cuatro manos, se caracterizan por utilizar células rítmicas propias de la música popular cubana, y —por lo general— presentan un bitematismo que permite definir, de manera inmediata, dos partes contrastantes. El dibujo melódico, a su vez, se acerca a la canción criolla ya separada del virtuosismo operístico italiano.
Es significativo señalar el contrapunto musical que se establece entre ambas manos, pues el bajo armónico que aparece con frecuencia en el registro grave, se desarrolla como una melodía más que, enocasiones, suplanta la voz superior.
Selección de Obras:
Adiós a Cuba,
Los delirios de Rosita (danza para piano)
Los muñecos (danza para piano)
Picotazos (danza para piano)
No bailes más, (danza para piano)
Sinfonía en Do menor
Scherzo Capriccioso (obra orquestal)
Hectograph (obra orquestal)
El Submarino Peral (opereta)
Saltimbanquis (opereta)
Los muñecos (danza para piano)
Entre otras muchas, son representativas del repertorio pianístico cubano y su significación trasciende los valores musicales que encierran cada una de ellas, pues constituyen muestra de la estilización de elementos característicos de la identidad nacional.
(La Habana, 1853 - Dos Ríos, Cuba, 1895) Político y escritor cubano. Nacido en el seno de una familia española con pocos recursos económicos, a la edad de doce años José Martí empezó a estudiar en el colegio municipal que dirigía el poeta Rafael María de Mendive, quien se fijó en las cualidades intelectuales del muchacho y decidió dedicarse personalmente a su educación.
El joven Martí pronto se sintió atraído por las ideas revolucionarias de muchos cubanos, y tras el inicio de la guerra de los Diez Años y el encarcelamiento de su mentor, inició su actividad revolucionaria: publicó una gacetilla El Diablo Cojuelo, y poco después una revista, La Patria Libre, que contenía su poema «Abdalá».
A los diecisiete años José Martí fue condenado a seis de cárcel por su pertenencia a grupos independentistas. Realizó trabajos forzados en el penal hasta que su mal estado de salud le valió el indulto. Deportado a España, en este país publicó su primera obra de importancia, el drama Adúltera. Inició en Madrid estudios de derecho y se licenció en derecho y filosofía y letras por la Universidad de Zaragoza.
Durante sus años en España surgió en él un profundo afecto por el país, aunque nunca perdonó su política colonial. En su obra La República Española ante la Revolución Cubana reclamaba a la metrópoli que hiciera un acto de contrición y reconociese los errores cometidos en Cuba. Tras viajar durante tres años por Europa y América, José Martí acabó por instalarse en México.
Allí se casó con la cubana Carmen Sayes Bazán y, poco después, gracias a la paz de Zanjón, que daba por concluida la guerra de los Diez Años, se trasladó a Cuba. Deportado de nuevo por las autoridades cubanas, temerosas ante su pasado revolucionario, se afincó en Nueva York y se dedicó por completo a la actividad política y literaria.
Desde su residencia en el exilio, José Martí se afanó en la organización de un nuevo proceso revolucionario en Cuba, y en 1892 fundó el Partido Revolucionario Cubano y la revista Patria. Se convirtió entonces en el máximo adalid de la lucha por la independencia de su país.
Dos años más tarde, tras entrevistarse con el generalísimo Máximo Gómez, logró poner en marcha un proceso de independencia. Pese al embargo de sus barcos por parte de las autoridades estadounidenses, pudo partir al frente de un pequeño contingente hacia Cuba. Fue abatido por las tropas realistas cuando contaba cuarenta y dos años. Martí es, junto a Bolívar y San Martín, uno de los principales protagonistas del proceso de emancipación de Hispanoamérica.
La obra literaria de José Martí
Además de destacado ideólogo y político, José Martí fue uno de los más grandes poetas hispanoamericanos y la figura más destacada de la etapa de transición al modernismo, que en América supuso la llegada de nuevos ideales artísticos.
Como poeta se le conoce por Ismaelillo (1882), obra que puede considerarse un adelanto de los presupuestos modernistas por el dominio de la forma sobre el contenido; Versos libres (1878-1882), La edad de oro (1889) y Versos sencillos (1891), esta última decididamente modernista y en la que predominan los apuntes autobiográficos y el carácter popular.
En A mis hermanos muertos el 27 de noviembre (1872), publicado durante su destierro en España, Martí dedica sus versos a los estudiantes muertos en una masacre acaecida en aquella fecha. Su única novela, Amistad funesta, también llamada Lucía Jérez y firmada con el pseudónimo de Adelaida Ral, fue publicada por entregas en el diario El latino-Americano entre mayo y septiembre de 1885; aunque en su argumento predomina el tema amoroso, en esta obra de final trágico también aparecen elementos sociales.
Entre sus obras dramáticas destacan Adúltera (1873), Amor con amor se paga (1875) y Asala. También fundó una revista para niños, La Edad de Oro, en la que aparecieron los cuentos Bebé y el señor Don Pomposo, Nené traviesa y La muñeca negra, y colaboró con diversas publicaciones de distintos países, como La Revista Venezolana, la Opinión Nacional de Caracas, La Nación de Buenos Aires o la Revista Universal de México.
Cronista y crítico excepcional, hizo de muchos de sus textos auténticos ensayos, algunos de carácter revolucionario como El presidio político en Cuba (1871) -de gran fuerza lírica-, El Manifiesto de Montecristi o su Diario de campaña. Sus Obras completas (1963-1965) constan de 25 volúmenes.
La historia universal registra muchos ejemplos de niños precoces, pero en Cuba a través de los tiempos han surgido pocos. Entre los más conocidos y brillantes está Juana Borrero Pierra, poetisa y pintora cuya obra y maestría en ambas artes despuntó cuando aún no alcanzaba los 10 años de edad.
Nacida en La Habana el 18 de mayo de 1877, murió en 1896 a los 18, pero desde los cinco escribía sonetos de impecable técnica y elaboraba dibujos impresionistas que admiraron a los profesores de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro. Uno de sus maestros, el célebre pintor Armando Menocal, le dijo en una ocasión al padre Esteban Borrero: “No tengo nada que enseñarle” a su hija, quien contaba entonces 12 primaveras.
La inteligente capitalina llega a su madurez pictórica a los siete años. La gente humilde del pueblo, la naturaleza y las plantas marinas y los caracoles eran los temas centrales de sus dibujos y óleos, tan perfectamente trasladados al lienzo que los eminentes naturalistas cubanos Felipe Poey y Carlos de la Torre elogiaban con frecuencia la exactitud científica de las creaciones de Juana.
No había alcanzado aún la adolescencia y ya era conocida por numerosos poemas y lo tormentoso y melancólico de sus sonetos de amor, compuestos con depurada técnica.
Entre sus dolores y pasiones, la Patria tenía también lugar importante, pues el padre y ella misma estaban comprometidos con la insurrección independentista y el novio, Carlos Pío Uhrbach, peleó junto a los mambises.
Por su quehacer libertario la familia Borrero fue obligada a emigrar en enero del 96 y se estableció en Cayo Hueso. Allí muere de fiebre tífica, dos meses después (9 de marzo), la “adolescente atormentada”, como la calificara en 1966 el escritor y crítico Angel Augier.
Gran parte de su obra poética se perdió, pero perdura lo que se considera su testamento lírico, escrito poco antes de fallecer, bajo el título “Última rima”, y cuya primera estrofa dice:
Yo he soñado en mis lúgubres noches,/ en mis noches
tristes de pena y lágrimas,/ con un beso de amor imposible,/
Nació en La Habana. Hija del general del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo y hermana del poeta Enrique Loynaz Muñoz. De joven estudió bajo tutores selectos sin tener que salir de su hogar. Publicó, a los diez y siete años, sus primeros poemas en La Nación, en 1920, año en el que también visita a los Estados Unidos y casi toda Europa.
En 1927 pasó los exámenes del doctorado en Derecho Civil, por la Universidad de la Habana, profesión que practicó, aunque a desganas, durante su vida adulta, pero que dejó de ejercer en 1961.
En 1950 publicó crónicas semanales en El País y Excélsior. También tiene colaboraciones en Social, Grafos, Diario de la Marina, El Mundo, Revista Cubana, Revista Bimestre Cubana, Orígenes.
Invitada por la Universidad de Salamanca, asistió a la celebración del V centenario del nacimiento de los Reyes Católicos (1953). Fue electa miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras en 1951, de la Academia Cubana de la Lengua en 1959 y de la Real Academia Española de la Lengua en 1968. Ha ofrecido conferencias y lecturas, tanto en Cuba, como en Hispanoamérica y en España.
Ha recibido muchos premios, entre los que podemos mencionar: Orden Carlos Manuel de Céspedes, Orden Félix Varela, Distinción por la Cultura Nacional y Medalla Alejo Carpentier (Cuba) y Orden de Alfonso X el Sabio (España). Fue galardonada con el Premio Nacional de la Literatura (1987), Premio de la Crítica (1991) y Premio Miguel de Cervantes (1992). Murió en la Habana en 1997.
Aquí presentamos una selección de sus poemas sacados del libro titulado Versos y, entre ellos, como colofón, escogimos quizás el poema más famoso de la colección, “Canto a la mujer estéril”.
LA MUJER DE HUMO
Hombre que me besas,
hay humo en tus labios.
Hombre que me ciñes,
viento hay en tus brazos.
Cerraste el camino,
yo seguí de largo;
alzaste una torre,
yo seguí cantando...
Cavaste la tierra,
yo pasé despacio...
Levantaste un muro
¡Yo me fui volando!...
Tu tienes la flecha:
yo tengo el espacio;
tu mano es de acero
y mi pie es de raso...
Mano que sujeta,
pie que escapa blando...
¡Flecha que se tira!...
(El espacio es ancho...)
Soy lo que no queda
ni vuelve. Soy algo
que disuelto en todo
no está en ningún lado...
Me pierdo en lo oscuro,
me pierdo en lo claro,
en cada minuto
que pasa... En tus manos.
Humo que se crece,
humo fino y largo,
crecido y ya roto
sobre un cielo pálido...
Hombre que me besas,
tu beso es en vano...
Hombre que me cines:
¡Nada hay en tus brazos!
EL AMOR INDECISO
Un amor indeciso se ha acercado a mi puerta...
Y no pasa; y se queda frente a la puerta abierta.
Yo le digo al amor: -¿Que te trae a mi casa?
Y el amor no responde, no saluda, no pasa...
Es un amor pequeño que perdió su camino:
Venía ya la noche... Y con la noche vino.
¡Qué amor tan pequeñito para andar con la sombra!...
¿Qué palabra no dice, qué nombre no me nombra?...
¿Qué deja ir o espera? ¿Qué paisaje apretado
se le quedó en el fondo de los ojos cerrado?
Este amor nada dice... Este amor nada sabe:
Es del color del viento, de la huella que un ave
deja en el viento... -Amor semi-despierto, tienes
los ojos neblinosos aun de Lázaro... Vienes
de una sombra a otra sombra con los pasos trocados
de los ebrios, los locos... ¡Y los resucitados!
Extraño amor sin rumbo que me gana y me pierde,
que huele las naranjas y que las rosas muerde...,
Que todo lo confunde, lo deja... ¡Y no lo deja!
Que esconde estrellas nuevas en la ceniza vieja...
Y no sabe morir ni vivir: Y no sabe
que el mañana es tan sólo el hoy muerto... El cadáver
futuro de este hoy claro, de esta hora cierta...
Un amor indeciso se ha dormido a mi puerta...
SI ME QUIERES, QUIÉREME ENTERA
Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra...
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
y morena...
Quiéreme día,
quiéreme noche...
¡Y madrugada en la ventana abierta!
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda... O no me quieras!
Biografía: José Angel Buesa, nacido un 2 de septiembre de 1910. En Cruces, ciudad de la antigua provincia de Las villas, ahora Cienfuegos, Cuba.
Comienza en el mundo de la poesía a los 7 años de edad, edad a la que empieza a escribir sus primeros versos. Al llegar a la adolescencia, marcha a Cienfuegos a continuar sus estudios en el Colegio de los Hermanos Maristas. La gente, los cañaverales, y todo el medio ambiente de Cienfuegos, ejerce un embrujo en el alma del poeta y este empieza a plasmar en sus versos la magia destelleante del paisaje que lo rodea. Aun joven, deja a Cienfuegos para irse a trabajar a la Habana, donde la rutina de su empleo le da tiempo para tomar parte activa en los grupos literarios existentes en aquel entonces.
Por ese entonces empieza a publicar sus libros, Sus principales obras son: La fuga de las horas (1932), Misas paganas (1933), Babel (1936), Canto final (1936), Oasis, Hyacinthus, Prometeo, La Vejez de Don Juan, Odas por la Victoria y Muerte Diaria (todas de 1943), Cantos de Proteo (1944), Lamentaciones de Proteo, Canciones de Adán (ambas de 1947), Poemas en la Arena, Alegría de Proteo (ambas de 1948), Nuevo Oasis y Poeta Enamorado (1949).
Buesa se ve obligado a abandonar cuba para empezar una peregrinacion por varios paises, España, Islas Canarias El Salvador, y Santo Domingo Republica Dominicana donde muere en 1982.
Arte poética
Ama tu verso, y ama sabiamente tu vida,
la estrofa que más vive, siempre es la mas vivida.
Un mal verso supera la más perfecta prosa,
aunque en prosa y en verso digas la misma cosa.
Así como el exceso de virtud hace el vicio,
el exceso de arte llega a ser artificio.
Escribe de tal modo que te entienda la gente,
igual si es ignorante que si es indiferente.
Cumple la ley suprema de desdeñarlas todas,
sobre el cuerpo desnudo no envejecen las modas.
Y sobre todo, en arte y vida, sé diverso,
pues sólo así tu mente revivirá en tu verso.
Balada del loco amor I
No, nada llega tarde, porque todas las cosas
tienen su tiempo justo, como el trigo y las rosas;
sólo que, a diferencia de la espiga y la flor,
cualquier tiempo es el tiempo de que llegue el amor.
No, Amor no llega tarde. Tu corazón y el mío
saben secretamente que no hay amor tardío.
Amor, a cualquier hora, cuando toca a una puerta,
la toca desde adentro, porque ya estaba abierta.
Y hay un amor valiente y hay un amor cobarde,
pero, de cualquier modo, ninguno llega tarde.
II
Amor, el niño loco de la loca sonrisa,
viene con pasos lentos igual que viene a prisa;
pero nadie está a salvo, nadie, si el niño loco
lanza al azar su flecha, por divertirse un poco.
Así ocurre que un niño travieso se divierte,
y un hombre, un hombre triste, queda herido de muerte.
Y más, cuando la flecha se le encona en la herida,
porque lleva el veneno de una ilusión prohibida.
Y el hombre arde en su llama de pasión, y arde, y arde
Y ni siquiera entonces el amor llega tarde.
III
No, yo no diré nunca qué noche de verano
me estremeció la fiebre de tu mano en mi mano.
No diré que esa noche que sólo a ti te digo
se me encendió en la sangre lo que soñé contigo.
No, no diré esas cosas, y, todavía menos,
la delicia culpable de contemplar tus senos.
Y no diré tampoco lo que vi en tu mirada,
que era como la llave de una puerta cerrada.
Nada más. No era el tiempo de la espiga y la flor,
y ni siquiera entonces llegó tarde el amor.
Balada del mal amor
Qué lástima muchacha,
que no te pueda amar.
Yo soy un árbol seco que sólo espera el hacha,
y tú un arroyo alegre que sueña con el mar.
Yo eché mi red al río…
Se me rompió la red…
No unas tu vaso lleno con mi vaso vacío,
pues si bebo en tu vaso voy a sentir más sed.
Se besa por el beso,
por amar el amor…
Ese es tu amor de ahora, pero el amor no es eso,
pues sólo nace el fruto cuando muere la flor.
Amar es tan sencillo,
tan sin saber por qué…
Pero así como pierde la moneda su brillo,
el alma, poco a poco, va perdiendo su fe.
¡Qué lástima muchacha,
que no te pueda amar!
Hay velas que se rompen a la primera racha,
¡y hay tantas velas rotas en el fondo del mar!
Pero aunque toda herida
deja una cicatriz,
no importa la hoja seca de una rama florida,
si el dolor de esa hoja no llega a la raíz.
La vida, llama o nieve,
es un molino que
va moliendo en sus aspas el viento que lo mueve,
triturando el recuerdo de lo que ya se fue…
Ya lo mío fue mío,
y ahora voy al azar…
Si una rosa es más bella mojada de rocío,
el golpe de la lluvia la puede deshojar…
Tuve un amor cobarde.
Lo tuve y lo perdí…
Para tu amor temprano ya es demasiado tarde,
porque en mi alma anochece lo que amanece en ti.
El viento hincha la vela, pero la deshilacha,
y el agua de los ríos se hace amarga en el mar…
¡Qué lástima muchacha,
que no te pueda amar
!Elegía para mí y para ti
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y tú te irás borrando lentamente de mi sueño.
Un año y otro año caerán como hojas secas
de las ramas del árbol milenario del tiempo,
y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,
se alejará en la sombra creciente del recuerdo.
II
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos,
bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,
de las desilusiones y los aburrimientos.
Tú, que nunca soñaste mas que cosas posibles,
dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.
III
Acaso nos veremos un día, casualmente,
al cruzar una calle, y nos saludaremos.
Yo pensaré quizás: " Qué linda es todavía."
Tú quizás pensarás: " Se está poniendo viejo "
Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo o con otra.
O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.
IV
Y seguirá muriendo la vida, año tras año,
igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.
Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,
o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.
Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,
pensaré en ti un instante, pero cada vez menos....
V
Y pasará la vida. Yo seguiré soñando;
pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.
Yo ya te habré olvidado definitivamente
y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.
(Y quizás, para entonces, al cruzar una calle,
nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.)
VI
Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,
las manos para siempre cruzadas sobre el pecho.
Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,
te pasarás las horas bostezando y tejiendo.
Y cada primavera renacerán las rosas,
aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.
Ernesto Lecuona Casado. Un pentagrama del recuerdo en el alma
Por Dinorah C. Rivas
Hay seres que nacen desbordados de talento, virtuosos, privilegiados, con una estrella perpetuamente iluminada que ni con la muerte dejan de brillar en el espíritu de su legado eterno.
Reaparece agosto vestido de gala y el mundo amante de la excelsa música, recuerda con añoranza al insigne músico y compositor por excelsitud, el Maestro Ernesto Lecuona Casado, honrado y admirado universalmente, símbolo de la cultura cubana.
¿Qué pudiera escribir entonces de tan dotado ser que ya no haya sido expresado por la inspiración de eruditos musicólogos, escritores, poetas, pintores y bohemios?: Cruzar con mi imaginación el tiempo otrora, abrazada al doble privilegio que me da el ser cubana e hija de su querido pueblo natal Guanabacoa, “la hermosa Villa de Pepe Antonio”, y rendirle un humilde homenaje aflorando recapitulaciones de su vida y de su hermosa obra.
Cuba, 6 de agosto de 1896, recibe con sus brazos maternos el estreno de un nuevo verano por sus calles de adoquines, donde por una de sus callejuelas se levanta la majestuosa ventana colonial que a través de sus vitrales, deja escuchar por primera vez el llanto del genio recién nacido en el seno de la familia Lecuona, hijo de Don Ernesto y Doña Catalina, ambos tenerifeños. Don Ernesto es un respetable periodista de la época y dueño del periódico La Aurora de Matanzas, que después se llamo La Aurora del Yumurí, entre otros periódicos que posteriormente dirigiera en la provincia matancera antes de trasladarse a su flamante residencia en el Municipio de Guanabacoa, donde continuará rigiendo otra publicación de prestigio. Alrededor del 1900, ya deteriorada su salud, regresa a Tenerife para pasar unas vacaciones de reposo. Pero la muerte es mas veloz que el tiempo y fallece unos días más tarde de su arribo, sobreviviéndole su viuda y siete hijos, todos con tendencias musicales y de los cuales el más joven fue el prestigioso Ernesto Lecuona.
Puedo imaginar al pequeño niño en sus primeros años romanceando tiernamente con el piano de cola que poseía su familia, acariciando con los deditos curiosos de su mano izquierda las teclas del precioso instrumento, que hechizara las primeras notas musicales de su sensibilidad. Ah!, frente al que fuera más tarde el inseparable y fiel amigo de todas sus andanzas estaba el virtuosísimo Lecuona, quien sería años mas tarde una de las mayores glorias de nuestro arte musical cubano, comprometido para siempre con su piano.
Niño prodigio al fin: al llegar a la edad de once años se desempeña como pianista en varios cines habaneros, acompañando las películas silentes que en éstos se exponían. A esa misma edad, en el año 1909 compone su primera obra para banda de concierto, la marcha titulada: Cuba y América; luego, sus primeras obras importantes fueron Danzas Cubanas (1911) y el Vals del Rhin (1912), obra musical que según los críticos desnuda su inclinación folklórica.
A los 17 años se gradúa con honores del Conservatorio Nacional Cubano y comienza una larga gira por América del Norte y Europa, viaje que le sirve para cultivarse en nuevas técnicas a la vez que le permite darse a conocer en importantes salas junto a Gonzalo Roig y Rodrigo Prats; formando magistralmente una de las trilogías más destacadas y trascendentales de compositores del teatro lírico cubano y en especial de la zarzuela. El aporte más significativo de Lecuona al género teatral es la fórmula definitiva de la romanza cubana. Entre sus obras se destacan las zarzuelas: Canto Siboney, Damisela Encantadora, Diablos y Fantasías, El Amor del Guarachero, El Batey (1929), El Cafetal, El Calesero, El Maizal, La Flor del Sitio, Tierra de Venus (1927), María la O (1930) y Rosa la China (1932); también son notorias sus canciones: Canto Carabalí, Siempre en mi corazón, (1930), La Comparsa (mundialmente célebre) y Malagueña (1933), perteneciente a su suite Andalucía. También son destacadas sus obras para danza, Danza de los ñáñigos y Danza Lucumí; la ópera El Sombrero de Yarey, la Rapsodia Negra para piano y orquesta, así como su Suite Española.
Su asombrosa destreza como pianista, lo impulsa a ejecutar obras de la colección universal para piano, obteniendo así la anuencia de notables personalidades, entre las que cabe mencionar a Maurice Ravel, Joaquín Turina, Adolfo Salazar, Joaquín Nin y George Gershwin, entre otros grandes. Se ha dicho que la obra de otros creadores dejó de ser parte importante dentro de su repertorio para dar lugar a las suyas propias; sin embargo sus habilidades como intérprete y su inestimable perfección técnica siguieron destacándose en sus composiciones de un estilo singular y bien definido que incorporaba la elaboración de temas afrocubanos y españoles con gran expresividad y un carácter eminentemente de concierto. Es la totalidad de su trayectoria creativa un legado que lo confirma, a través de todos los tiempos, como un clásico de la cultura musical iberoamericana.
Como millones de cubanos, en 1960 Ernesto Lecuona abandona Cuba y se establece en Tampa, Florida. Triste, lejos de su amado terruño, viaja a la tierra de sus padres y fallece el 29 de noviembre de 1963 en Santa Cruz de Tenerife; fortuitamente igual que su progenitor.
Sin lugar a dudas, despues de un centenrio de su muerte. Lecuona sigue siendo una joya vital en la historia musical cubana y ecuménica. Su música, que ha traspasado los umbrales del tiempo, será eternamente el más genuino pentagrama del recuerdo en el alma.
Dime extranjero. ¿Qué sientes al ver tu tierra?
Ver sus montes, sus praderas, sus ríos, sus llanos.
Mientras hoy vive el cubano atado de pies y manos.
Dime extranjero. ¿Qué sientes al ver tu tierra?
Respirar su aire libre, ir y volver cuando quieras,
Sin que exista un cruel tirano que tronche tu
hermoso sueño y deshonre tu bandera.
Dime extranjero. ¿Qué sientes al ver tu tierra?.
¡Ver a tus padres, a tus hermanos, a tus hijos!.
A ese ser que te espera con ansias de posar en tu
frente un beso; Mientras hoy vive el cubano llorando
su tierra en versos.
Mientras hoy vive el cubano lejos de su terruño,
alimentando el recuerdo, hablando, ...siempre de Cuba;
De aquellos días felices que ya nunca volverán.
Sólo te pido mi amigo me perdones, si insistente
te hablo de mis angustias, que son mías y de nadie más.
Pero no pretendas nunca que deje de hablar de mi patria,
de esa patria que es relieve en el fondo de mi alma.
Que la llevo en mis entrañas en mis venas y en mi sangre.
¡Cómo no hablarte de Cuba, si yo, soy Cuba!
Mi risa es Cuba, mi acento es Cuba,
mi llanto es Cuba y mi amor es Cuba.
Yo soy Palma... ¡Yo, soy Cuba!
Soy sinsonte... ¡Yo, soy Cuba!
Yo soy caña, mariposa, colibrí ¡Yo, soy Cuba!
Por mis venas late él son...
Yo soy ritmo, soy canción, yo soy lira. ¡Yo, soy Cuba!
Soy tu amiga; ¡Yo, soy Cuba!
Toma mi mano; ¡Yo, soy Cuba!
Soy Maceo, soy Martí, soy, ...el dolor de un pueblo; ¡Yo, soy Cuba!
Cómo olvidarme de ella, de esa isla a la que adoro,
y de ese mar, que aunque hermoso es vil sepulcro
de los sueños de mi gente.
Cómo olvidarme de Cuba; ¡Sería olvidarme de Dios!
¿Por qué cercenas mi voz si Cuba es grito en mi garganta?
¿Cómo acallar mi nostalgia? ¡Oh Dios! Si en ti, he puesto toda mi fe.
¿Cómo olvidarme de Cuba, mi amigo?
Si toda yo, desde la cabeza a los pies... ¡Soy Cuba!